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CRECIMIENTO Y PRODUCTIVIDAD DE LA AGRICULTURA ESPAÑOLA  (1ª parte)

1.- Introducción.
2.- Metodología.
3.- Resultados.

4.- Conclusiones.
5.- Bibliografía.

 
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1. INTRODUCCIÓN.

En el estudio de las fuentes del crecimiento agrario ha sido habitual la descomposición de los cambios en la producción en dos grandes bloques de factores determinantes. El primero correspondería a la variación en las cantidades empleadas de los factores productivos clásicos, tanto primarios superficie agrícola, capital y trabajo, entre ellos, como intermedios fertilizantes, semillas, plaguicidas, piensos y otros. El segundo de los determinantes del crecimiento agrario integraría a un conjunto heterogéneo de elementos que influyen en el avance de la producción, pero que no pueden atribuirse directamente al mero aumento cuantitativo en el uso de factores productivos, y que deben relacionarse, en cambio, con circunstancias como el progreso técnico, la difusión de prácticas agrícolas más eficientes, las mejoras en la organización de la producción y, también, en la cualificación de los recursos humanos, así como otros aspectos difíciles de medir. Este segundo bloque representa por tanto una especie de cajón de sastre que recibe el nombre convencional de Productividad Total de los Factores (PTF en lo sucesivo) y presenta, como es sabido, notables ventajas con respecto a los índices parciales de productividad la productividad parcial del trabajo, o de la tierra son quizá los más habituales a la hora de medir la repercusión sobre la producción de las mejoras procedentes de un uso más eficiente de los recursos productivos o de la aplicación de innovaciones técnicas.




La literatura basada en la denominada contabilidad del crecimiento es abundante, y sus contribuciones al análisis de los cambios en la producción agraria son ya numerosas, de tal modo que en la actualidad es posible disponer de un número significativo de estimaciones de la PTF para distintos países y períodos de tiempo, e incluso para España con desglose regional. Sin embargo, la mayoría de estos cálculos no toma suficientemente en cuenta el hecho de que el desarrollo agrícola debe analizarse atendiendo también a las interrelaciones de la agricultura con el resto de la economía, tanto a través de los mercados de factores productivos, como en su papel de abastecimiento de los mercados de alimentos y materias primas. Un aspecto central de las contribuciones que el crecimiento de la producción agrícola realiza al desarrollo económico general, tanto en España como en otros países, es precisamente la transferencia de una parte sustancial de las ganancias de productividad que se obtienen en la agricultura a los consumidores y también a aquellos sectores que utilizan los productos agrícolas como inputs intermedios en sus procesos de producción. El mecanismo que sirve de vehículo a esta transferencia es el deterioro de la Relación Real de Intercambio de la agricultura, medido a través de la evolución de los precios agrarios respecto a los precios del conjunto de bienes y servicios producidos en la economía.

El objetivo de esta investigación es ilustrar empíricamente cómo es posible integrar la diferente evolución de los precios agrícolas y del nivel general de precios de la economía en el análisis convencional del crecimiento de la producción agrícola; para ello se emplea el enfoque metodológico propuesto inicialmente por Gopinath, Arnade, Shane y Roe (1997) y se analizan las fuentes del crecimiento de la producción agraria española entre los años 1973 y 1998. Esta aproximación permite una visión de los cambios en la productividad más acorde con la relación que se produce a lo largo del proceso de desarrollo económico entre el sector agrario y el resto del sistema económico.
En el segundo apartado, tras esta introducción, se describen la metodología y los datos; en el tercero se presentan los resultados y se comparan con los obtenidos en otros estudios; finalmente, el apartado cuarto recoge las conclusiones.

2. METODOLOGÍA.

Los aspectos básicos de la aproximación metodológica seguida en este trabajo propuesta, como se ha apuntado en la introducción, por Gopinath, Arnade, Shane y Roe (1997) pueden exponerse considerando a una economía donde se producen dos tipos de outputs, agrario (A) y no agrario (N) representados genéricamente por el vector yj, siendo j = A,N, a partir del uso de tres categorías diferentes de inputs, xA, xN y xE, donde xj son inputs específicos del sector j, mientras que xE es un vector de factores comunes al conjunto de la economía. La representación de la tecnología puede realizarse a partir de la siguiente función de producción agregada para el conjunto de la economía (Woodland, 1982):

,donde
(1)
siendo una función de producción con rendimientos constantes.

Los precios del output agrario y no agrario están representados por pj nuevamente j = A,N, mientras que el término gj es una variable externa a las decisiones de la empresa y, en un sentido amplio, representa el estado de la tecnología en el sector j.

El objetivo del programa de optimización matemática (1) es, como puede observarse, encontrar la combinación de factores productivos que, dadas las restricciones impuestas por el estado del conocimiento o tecnología en cada uno de los sectores considerados, y por la propia dotación de factores específicos y comunes con que cuenta la economía, representada por el vector

,
permite maximizar el output agregado, definido como la suma de la producción de los sectores agrario y no agrario. Una vez obtenidas las soluciones del programa (1), dadas por el vector

los multiplicadores de Lagrange, variables lA, lN y lE representan los precios sombra de los factores de producción, este puede redefinirse en los siguientes términos:

,donde
(2)

El programa (2) busca, por su parte, maximizar la producción agregada de la economía agraria y no agraria, considerando las restricciones impuestas por la tecnología y, también, por la dotación de factores específicos con que cuenta cada sector. Sin embargo, ahora se introduce la restricción de que cada sector puede, como máximo, hacer uso de la cantidad de inputs comunes al conjunto de la economía que le corresponde de acuerdo con la solución al programa (1), que expresa la asignación óptima de estos factores entre los sectores agrario y no agrario.

La solución al programa (2) viene dada en este caso por: ( Para probar esta proposición, Gopinath, Arnade, Shane y Roe (1997) remiten al apéndice 2 de Gopinath y Roe (1995))

(3)

donde gj j = A,N es la función de producción del sector j, la cual, bajo ciertas condiciones de regularidad, representa una completa caracterización de la tecnología (Diewer, 1974).

La función de producción de la agricultura es, en consecuencia, gA por comodidad expositiva, a partir de este momento nos referiremos a ella como simplemente g, y puede ser utilizada para definir el siguiente índice de productividad en el momento del tiempo t (Diewert y Morrison, 1986):

,(4)

El término Rt mide el incremento porcentual en la producción agraria que puede ser obtenido con la tecnología disponible en t representada por gt respecto al alcanzado con el nivel tecnológico disponible en el período anterior t-1 variable gt-1, dados un vector de inputs específicos de la agricultura y un vector de inputs comunes al conjunto de la economía, así como unos precios reales p. Los precios reales de la agricultura miden la evolución relativa de los precios agrarios en relación a los precios del conjunto de la economía y una manera directa de calcularlos consiste en deflactar un índice de precios agrarios por el deflactor general del PIB.

El índice de productividad de la expresión (4) puede formularse de diferentes formas, entre ellas las siguientes:

, o bien (5)

(6)

El primero de los índices de productividad expresión (5) es un índice de tipo Laspeyres, que utiliza como referencia los precios reales y las cantidades de inputs del período t-1, mientras que la expresión (6) representa un índice de productividad de tipo Paasche, que toma como base los precios y los factores productivos del momento t. Estos dos índices no son directamente observables; sin embargo, suponiendo que la función de producción agraria adopta una forma funcional translogarítmica, puede construirse un nuevo índice de productividad como la media geométrica de ambos. Bajo este supuesto y asumiendo que las empresas tienen como objetivo maximizar sus beneficios se cumple que (Gopinath y Roe, 1995):

,(7)

donde el término y es una medida física de la producción en cada una de las K categorías de output consideradas, y l representa el precio de los H y H’ factores de producción específicos de la agricultura y comunes al conjunto de la economía, respectivamente.

La media geométrica de las expresiones (5) y (6) puede expresarse como (Diewert y Morrison, 1986):

,(8)

donde: (9)

,y (10)

(11)

(12)

La expresión (9) recoge el crecimiento de la producción real de la agricultura, entendiendo por tal el valor de la producción nominal deflactado por el deflactor general del PIB. El término b es, por su parte, un índice translog de precios del output y, finalmente, c y d son dos índices translog de cantidades de inputs específicos y comunes, respectivamente. En consecuencia, la expresión (8) es un índice de productividad; además, esta misma expresión permite descomponer el crecimiento del producto real de la agricultura en tres efectos, a saber: (i) un efecto precio, recogido por el término b, (ii) el efecto del cambio en el uso de los inputs, recogido conjuntamente por los términos c y d, y, por último, (iii) un residuo que es la Productividad Total de los Factores.

Los efectos precio individuales de cada output k pueden medirse a partir de cada ln bk, del mismo modo que el efecto sobre el crecimiento de la producción real del cambio en el uso de cada uno de los h inputs específicos de la agricultura viene recogido por ln ch (A título de ejemplo, ch debe ser interpretado como el cambio en el output real, que tendría lugar manteniendo constantes los precios reales y el uso del resto de los factores de produc-ción, debido al cambio en el uso de la cantidad del factor productivo específico h de a .), mientras que la contribución de los h’ inputs comunes estará dada por ln dh’.

Variables y fuentes estadísticas.

La fuente principal de los datos utilizados en el análisis está constituida por la base Spel de Eurostat (1973-1998). Esta fuente estadística ha sido utilizada para obtener la información sobre precios y cantidades de los distintos outputs del sector agrario, así como las cantidades y valores unitarios de la mayoría de los inputs.

Las diferentes producciones agrícolas consideradas han sido 58, incluyendo las producciones agrícolas (Las produciones agrícolas finales son: trigo blando, trigo duro, centeno, cebada, avena, maíz, otros cereales, arroz, legumbres, patatas, semillas de colza, semillas de girasol, hojas de soja, otras semillas y frutos oleaginosos, aceitunas para aceite, coliflor, tomates, otras hortalizas, cítricos, manzanas peras y melocotones, otras frutas, uva de mesa, aceitunas de mesa, uvas para vino de mesa, uvas para otro vino (calidad), remolacha azucarera, tabaco en rama, lino y cáñamo, otros cultivos industriales, plantas de vivero, flores y plantas ornamentales, otras producciones vegetales finales. Por su parte, las producciones agrícolas intermedias son: otras raíces y tubérculos , pastos, plantas forrajeras, heno, y, finalmente, paja) y ganaderas (Las producciones ganaderas finales son: leche de vaca, carne de vacuno, ternera, cerdo, oveja y cabra, y, por último, ave, leche de oveja y cabra, huevos, lana cruda y, por último, otros productos animales. Por su parte, las produciones ganaderas intermedias son: terneros de engorde, novillas, vacas lecheras, lechones, corderos, polluelos, toros de engorde, otras vacas, nitrógeno de estiércol, fósforo de estiércol, y, en último lugar, potasio de estiércol.), tanto finales como intermedias. En una primera etapa, para desagregar el efecto precio, estas producciones han sido agrupadas en 12 categorías (Estas doce categorías son: cereales y arroz, legumbres y patatas, semillas oleaginosas, acei-tunas para aceite, hortalizas y frutas, uva de vino, resto de producciones agrícolas finales, producciones agrícolas intermedias, leche de vaca, carne de vacuno y ternera, resto de produc-ciones ganaderas finales y, en último lugar, producciones ganaderas intermedias.) y, en segundo término, en dos grandes grupos que se corresponden con los productos agrícolas y los productos ganaderos, respectivamente. Las cantidades producidas de los diferentes outputs proceden directamente de la base de datos Spel, mientras que sus precios reales han sido obtenidos dividiendo los respectivos valores unitarios corrientes, proporcionados asimismo por la citada base de datos, por el deflactor del PIB.

En relación a los factores productivos, se han considerado un total de 24 inputs intermedios y 3 inputs primarios. Los factores de producción intermedios han sido agrupados en seis categorías que a, a su vez, se han agregado posteriormente en inputs agrícolas fertilizantes (Esta categoría incluye siete tipos de fertilizantes según su composición -nitrógeno, fosfato y potasio- y su procedencia -industrial o de estiércol-; además del fertilizante de cal.), semillas y productos fitosanitarios y ganaderos piensos (Incluyendo siete categorías de piensos según su procedencia y riqueza -ver la fuente original para mayor detalle.), animales de engorde (Esta categoría de inputs intermedios incluye terneros, novillos, vacas, cerdos, toros, corde-ros y, por último, pollos.) y, por último, productos farmacéuticos. La información necesaria para realizar el análisis procede asimismo de la base Spel de Eurostat (1973-1998). Los inputs primarios incluidos en el análisis son trabajo asalariado y familiar y capital; las series sobre el uso del factor trabajo medido en Unidades de Trabajo Año (UTAs) proceden de New Cronos base COSA de Eurostat. La participación de los costes del trabajo en el valor de la producción se ha obtenido a partir de las cifras de remuneración a asalariados de la fuente citada; dado que éstas se refieren únicamente al trabajo asalariado, se ha supuesto el mismo coste por UTA para el trabajo familiar. Finalmente, las series de capital tienen su origen en las estimaciones sobre el stock de capital en España de la Fundación BBV (2000); la participación de los costes de uso del capital en el valor de la producción se ha obtenido de forma residual.

3. RESULTADOS.

El enfoque metodológico cuyos principales rasgos se han descrito en el epígrafe precedente, ha permitido analizar las fuentes de crecimiento de la producción agraria española en el período 1973-98; asimismo, se han obtenido los resultados para las etapas 1973-85 y 1985-98. El criterio de demarcación de estos períodos ha sido el acceso de España a la Unión Europea el primero de enero del año 1986. El hecho de que la incorporación española al proceso de integración europea supusiera la aplicación progresiva de la Política Agraria Común, con sus consiguientes efectos sobre precios y producciones, se ha considerado justificación suficiente para distinguir ambas etapas.

La producción agraria española valorada en términos reales recuérdese nuevamente, deflactada con el deflactor general del PIB disminuyó a una tasa media anual del 1,54 por ciento entre los años 1973 y 1998, siendo la caída más acusada en la segunda etapa años 1985-98, respecto al período precedente (Cuadro 1). En la reducción del valor real de la producción, la responsabilidad principal correspondió a la desfavorable evolución de los precios de los productos agrarios en relación al comportamiento tendencial de los precios del conjunto de bienes y servicios producidos por la economía española. La caída media de la Relación Real de Intercambio del sector agrario español efecto precio agregado se ha mantenido alrededor del 3 por ciento anual durante los veinticinco años contemplados, lo que da cuenta, no sólo de la magnitud de la pérdida de poder de compra de los productos agrícolas, sino también de la elevada continuidad con que esta circunstancia ha venido produciéndose a lo largo del tiempo.

El segundo de los elementos explicativos del cambio de la producción agraria la contribución en términos agregados de los inputs productivos también resulta ser negativa y además de una magnitud importante. La evolución en términos cuantitativos de los inputs resta aproximadamente 0,7 puntos porcentuales a la tasa de crecimiento de la producción, como media del período 1973-98, aunque la contribución es más desfavorable entre los años 1973 y 1985, en relación a la segunda de las etapas estudiadas.

Finalmente, la PTF obtenida residualmente como la parte del cambio del producto real no explicada por el efecto precio y, tampoco, por el cambio en el uso de los inputs aporta una contribución positiva al crecimiento de la producción real agraria del 2,11 por ciento anual en 1973-98, observándose, también aquí, un sustancial cambio de ritmo entre las dos etapas consideradas. Así, el crecimiento de la productividad es más notable hasta mediados de los ochenta período en el que alcanza una tasa media anual del 3,0 por ciento, frente a la etapa posterior, en la que el crecimiento de la PTF se reduce hasta el 1,3 por ciento de media anual.

Cuadro 1.- Fuentes del crecimiento de la producción agraria. 1973-98.
(tasas medias de crecimiento anual)

 

1973-98

1973-85

1985-98

CRECIMIENTO DE LA PRODUCCIÓN REAL (1)

-1,54

-1,21

-1,85

Efecto precio agregado

-2,97

-2,90

-3,04

Contribución agregada de los inputs

-0,68

-1,31

-0,11

Crecimiento de la PTF

2,11

3,00

1,30

(1) Producción agraria deflactada con el deflactor del PIB.

Fuente: elaboración propia con datos de la base Spel (EUROSTAT).

Conviene, después de estudiar los grandes rasgos del crecimiento de la producción real agraria española, indagar en cada uno de sus elementos determinantes. La trayectoria de los precios relativos de la agricultura en relación a los del resto de la economía no constituye en modo alguno una sorpresa. Únicamente el sector servicios ha experimentado a lo largo del último cuarto de siglo una elevación de sus precios reales en el sentido de que sus precios han crecido por encima de los del conjunto de la economía, mientras la industria y, especialmente, la agricultura los han visto declinar. Este hecho es el resultado de la interacción de un conjunto de fuerzas de oferta y demanda, que tienen que ver con las mayores o menores posibilidades de lograr incrementos de la productividad en unas u otras actividades productivas, aunque también con las diferentes elasticidades que los bienes agrícolas e industriales y los servicios pueden mostrar ante cambios en la renta. La agricultura se enfrenta, por una parte, a las bajas elasticidades de la demanda respecto a la renta que caracterizan a la demanda de alimentos en los países desarrollados, con valores netamente inferiores a la unidad e incluso negativos para algunos productos, y, por otra, a una rápida asimilación de innovaciones tecnológicas que determinan notables elevaciones de los rendimientos agrícolas y ganaderos. La carencia de poder de mercado de las explotaciones agrícolas, dada la estructura atomística de la producción, implica que las ganancias de productividad se trasladan con prontitud a los precios de mercado y no generan, sino muy transitoriamente, beneficios extraordinarios a los productores.


 

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