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UTILIDAD DE LOS ANÁLISIS FOLIARES EN FRUTALES DE HOJA CADUCA

1. INTRODUCCIÓN
2. ORIGEN DEL ANÁLISIS FOLIAR
3. LABORES CULTURALES
4. FISIOLOGÍA DE LA PLANTA
5. NUEVOS CONOCIMIENTOS FISIOLÓGICOS
6. ANÁLISIS DE LA MUESTRA
7. CUESTIONARIO FISIOLÓGICO
8. EL CASO DE LA VID
9. REFERENCIAS


 
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1. INTRODUCCIÓN

Mientras nadie puede discutir la importancia de los análisis de suelos para sugerir programas de fertilización en cultivos como trigo, maíz o soja, cultivos perennes como los frutales de hoja caduca no gozan de similar privilegio.

Los frutales de pepita y carozo se cultivan generalmente en zonas áridas, muchas de ellas conformadas por suelos aluvionales que han sido sistematizados con el fin de practicar riego gravitacional. La desuniformidad resultante de estos suelos es tal que muchas veces planta por medio, en una distancia de 3 metros, se aprecian cambios de gran magnitud no sólo en cuanto a la profundidad en que éstos ocurren sino también en la granulometría, a tal punto que es muy común observar, por ejemplo, el paso de una textura arenoso franco a franco limoso.

Sin embargo en otras zonas donde los suelos no son tan heterogéneos y donde no se practica riego suplementario, los análisis de suelo no son empleados con frecuencia porque los frutales distribuyen sus raíces dependiendo de las características del portainjerto y del manejo del suelo en una profundidad muy variable, donde resulta extremadamente complicado relacionar la oferta mineral disponible con la absorción real del cultivo.

2. ORIGEN DEL ANÁLISIS FOLIAR

El nacimiento de la técnica de análisis foliar tiene su fundamento en solucionar los inconvenientes planteados, al dejar que el árbol sea el encargado de tomar del suelo lo que necesite y traducir a través de las hojas la oferta nutricional de su entorno.

Ya en los años 50, el análisis foliar comienza a ser empleado en los Estados Unidos. En su génesis figuran trabajos pioneros de relevamiento nutricional, donde se muestreó un gran número de plantaciones con buen rendimiento en variados tipos de suelos y distintos tipos de hojas a lo largo del ciclo de crecimiento, hasta encontrar aquella combinación que garantizara la menor variabilidad.

Las tablas de referencia o interpretación se caracterizaron por brindar un rango de concentración para los macro y microelementos y fueron de suma utilidad en un momento donde no existía otra herramienta y los conocimientos y cuestionamientos fisiológicos de la actualidad. Además el panorama presente dista bastante del de hace cincuenta años en aspectos intrínsecos del árbol (nuevos portainjertos y variedades) y de manejo cultural (sistemas de conducción, uso de reguladores de crecimiento, modernas técnicas de riego, por citar a los más relevantes), factores que influyen directamente en la nutrición mineral de la planta. Algunos ejemplos prácticos ayudarán a ilustrar estos conceptos.

Características del portainjerto y cultivar

Las plantaciones modernas de peras, manzanas y cerezos se cultivan a una alta densidad por hectárea. Con la excepción del cerezo, la carga de fruta controla el crecimiento vegetativo de la planta, por lo que la relación hoja/fruta es mucho menor y la eficiencia del cultivo mayor en términos de rendimiento de materia seca por unidad de área foliar. Los frutos, que son un destino importante de nutrientes como nitrógeno, fósforo, potasio, magnesio y cinc, se alimentan a expensas de las hojas, que disminuyen su concentración foliar. En consecuencia, un alto rendimiento suele corresponderse con valores nutricionales en las hojas que son deficientes desde el punto de vista interpretativo del análisis. Si esta tendencia se repite en varios años sin afectar rendimiento y calidad, puede afirmarse que la planta no presenta deficiencia alguna y el programa anual de fertilización no debería considerar un agregado extra de fertilizantes.

3. LABORES CULTURALES




Una práctica muy obvia que influye en la interpretación de los análisis foliares, son las fertilizaciones a través de las hojas pues éstas, a excepción de la urea, no son eficientes para absorber nutrientes y muchos de ellos se depositan en su superficie una vez aplicados. Por ejemplo, se sabe del rol de la cutícula en retener metales pesados (Ferrandon y Chamel, 1988), los que no son eliminados en su totalidad por las técnicas de lavado habituales. En informes técnicos es común observar análisis como termómetro de medición de respuesta a tratamientos foliares, pero absolutamente todos ellos son cuestionables porque ni siquiera miden lo que efectivamente se encuentra en el espacio interno de la hoja.

El análisis correcto sería no medir con exclusividad la concentración de nutrientes, sino las respuestas fisiológicas a dichos tratamientos (fotosíntesis, área foliar, crecimiento, densidad floral etc, etc). Lamentablemente, en fruticultura el rendimiento es un largo proceso que se inició con dos o tres años de anticipación con el renuevo de madera, la diferenciación floral, la densidad de floración, el cuaje y últimamente el tamaño del fruto. Este proceso es factible de ser medido en condiciones controladas, porque en plantaciones comerciales el hombre actúa sobre el árbol realizando podas y raleando frutos con el fin de mejorar el tamaño y el color, por lo que enmascara la verdadera respuesta fisiológica de la planta.

En este sentido, existe una gran diferencia entre la evaluación de rendimiento en los cultivos anuales y dicha evaluación en los frutales, donde es factible medir respuestas en el largo plazo cuando son productos de enormes diferencias en crecimiento (volumen de la canopia) y por ende en el potencial productivo. Lo expuesto, si bien es una simplificación de este problema, ilustra la dificultad.

4. FISIOLOGÍA DE LA PLANTA

Un concepto muy moderno en nutrición mineral de frutales es que se deben fertilizar órganos de la planta y no la planta en su conjunto. En otras palabras, este concepto expresa que hay ciertos momentos en el ciclo de crecimiento donde es importante que ciertos órganos tengan amplia disponibilidad nutricional. Por ejemplo, el cinc y el boro son importantes para la calidad de la yema fructífera y el cuaje del fruto; sin embargo, el rol de estos elementos en el verano no es de importancia.

El potasio es importante en la fase del crecimiento del fruto, pero no al inicio de la temporada. El calcio es determinante en la calidad de la fruta en ciertas variedades pero no en otras y su contenido en las hojas no se relaciona con su contenido en los frutos.

El análisis foliar si se toma en la primavera es variable, porque la dinámica de los nutrientes en las hojas fluctúa en demasía, enmascarando posibles deficiencias. Si se hace en el verano, valores normales asegurarían una buena nutrición para la próxima temporada pero valores bajos no expresan si la causa es dilución o deficiencia. Una conclusión sería que para cada nutriente existe un momento óptimo de toma de muestra y que no resulta razonable generalizar el muestreo en un único momento para la totalidad de ellos.

5. NUEVOS CONOCIMIENTOS FISIOLÓGICOS

Hasta los años ochenta no se conocía mucho acerca de la dinámica de los nutrientes esenciales en la planta, ni siquiera del nitrógeno. Con la disponibilidad de los isótopos estables fue posible determinar cómo diferentes especies frutales utilizan y reciclan los nutrientes (Weinbaum et al. 1984;, Sánchez et al. 1991, Sánchez et al. 1992, Muñoz et al. 1993, Sánchez et al. 1995).

Estos avances permitieron determinar fundamentalmente el rol de las reservas, obtener detalles de la absorción y partición estacional de los nutrientes en los diversos órganos de la planta y cuantificar la demanda. Si bien se lograron avances importantes para nitrógeno, boro y cinc, otros como fósforo, potasio y magnesio no han sido estudiados. Estos conocimientos mejoraron la interpretación de los análisis foliares, simplemente por permitir relacionar el órgano de la planta tomado como muestra y compararlo con los otros en cuanto a sus demandas estacionales y anuales.

6. ANÁLISIS DE LA MUESTRA

Este es un factor muy importante. Sin desmerecer la performance de los laboratorios, la variabilidad en los resultados son a menudo alarmantes. Si se tiene en cuenta que para nitrógeno el rango normal en manzano fluctúa de 2 a 2,4% , se comprende que un mínimo error puede modificar sustancialmente la interpretación.

Para otros nutrientes donde el rango normal es amplio, la consecuencia de una falla en el resultado no es tan crítica, pero sí lo es en nitrógeno por su influencia en la calidad de la fruta. .

Un ejemplo de las mismas se puede observar en la Tabla 1, donde se señalan los rangos de concentración normales en las tres variedades de peral más populares empleadas en la actualidad por el INTA Alto Valle. Claramente se puede observar que la diferencia la marca el nitrógeno.

Tabla 1: Valores de referencia tomados como normales en la interpretación del análisis foliar de cultivares de peral.

Variedad
William’s
D’Anjou
Packham’s
N %
2,20-2,50
2,10-2,30
2,15-2,45
P %
0,13-0,45
0,13-0,45
0,13-0,45
K%
1,20-,00
1,20-2,00
1,20-2,00
Ca %
1,10-,50
1,10-2,50
1,10-2,50
Mg %
0,24-0,50
0,24-0,50
0,24-0,50
Mn ppm
30-200
30-200
30-200
Fe ppm
50-259
50-250
50-250
Cu ppm
5-15
5-15
5-15
B ppm
30-60
30-60
30-60
Zn ppm
18-50
18-50
18-50

Mientras que en la pera Anjou se requiere un mínimo necesario que garantice el crecimiento del árbol sin comprometer la calidad de la fruta, en la variedad Williams, al ser más temprana y no conservarse en frío, se prefiere una concentración de nitrógeno más alta para asegurar un buen tamaño. Contrariamente al nitrógeno, el resto se caracteriza por presentar un rango tan amplio que los posibles errores analíticos pasan más inadvertidos.

7. CUESTIONARIO FISIOLÓGICO

Relacionado al punto anterior, no existen estudios puntuales que permitan aislar cada uno de los nutrientes y permitan estudiar su rango de concentración óptima. Por ejemplo, las tablas de referencia para cinc le asignan valores normales que tienen su piso en las 18-20 ppm.

Tal asignación se ha originado en los estudios pioneros de relevamiento nutricional, llevados a cabo en regiones con suelos provistos de buena disponibilidad de este nutriente, en donde prácticamente era imposible encontrar valores del orden de las 10-12 ppm, como se encuentran en muchas regiones del mundo. Sánchez y Righetti (2002) cuestionaron dichos valores en manzanos y perales y demostraron que plantas con mucho menos concentración foliar de cinc pueden presentar altos rendimientos en forma sostenida. Esta sobreestimación involuntaria ha conllevado a masivas fertilizaciones foliares con este metal pesado, cuando en realidad no eran necesarias.

Lo opuesto se puede decir del boro. Mientras que en la mayoría de los cultivos se fija una concentración óptima foliar de 30 a 40 ppm (siempre en el muestreo de verano), estudios llevados a cabo en ciruelo dan cuenta de una respuesta favorable -medida en términos de cuaje de la fruta y rendimiento- con aplicaciones foliares en montes sin deficiencia (Chaplin et al. 1977). La razón fisiológica es la alta demanda de la flor y especificamente los granos de polen por boro, a tal punto que es posible en algunos cultivos lograr una respuesta favorable a la fertilización.

Lamentablemente, el elevado costo de los análisis foliares no permite realizar relevamientos amplios durante un mínimo de tres temporadas para diversas especies y variedades bajo manejos modernos de conducción y técnicas de riego, en al menos dos momentos dentro del ciclo de crecimiento. Estudios de esta naturaleza, modificarían sustancialmente la interpretación en muchas regiones.

8. EL CASO DE LA VID

Otro ejemplo claro que brinda más confusión que solución, es el análisis foliar en vid. Quien consulte la bibliografía podrá observar que como tejido se puede muestrear el pecíolo, el limbo y la hoja completa, tanto en la floración como en el envero.

Sin embargo, los valores normales varían no sólo con el cultivar, los numerosos portainjertos o el tipo de riego (goteo, microaspersión), sino que existen también variaciones anuales, lo que dificulta mucho la interpretación, máxime si se toman valores de otras regiones y no de la propia. Un reciente estudio llevado a cabo en California (pioneros en los análisis de pecíolos), reveló que por ejemplo en Chardonnay y Cabernet Sauvignon, serían normales valores de 200 ppm de nitratos en la floración (Williams, 2000), a pesar de que se alejan en demasía del estudio original en Thompson Seedless, que es de 600 a 1.200 ppm (Cook, y Wheeler., 1978).

Williams (2000), criteriosamente argumenta que si se tomaran estos valores de 200 ppm como normales, aquellas variaciones producto de los portainjertos, variedades, riego, año, etc, etc, se eliminarían casi en su totalidad. Si lo que pasa en Chardonnay y Cabernet también se da en las demás variedades de uva para vinificar, la pregunta obvia que se debe hacer es qué pasó en los últimos veinte años en las miles de fincas con viñedos, cuando se tomaban valores de referencia que evidentemente estaban sobreestimados. ¿Se aplicó más nitrógeno del debido? ... es muy probable.

Como conclusión se puede afirmar que la técnica del análisis foliar, tal como es empleada en la actualidad en la mayoría de los casos, ya sean éstos como método de diagnóstico nutricional o de respuesta a manejos del cultivo (fertilizacion, riego, poda, etc.), presenta más debilidades que fortalezas. Es una herramienta más para visualizar tendencias en el largo plazo y prevenir deficiencias cuando se relacionan el crecimiento vegetativo y reproductivo del árbol.

El análisis foliar, si es empleado como principal herramienta de diagnóstico nutricional, puede llevar a interpretaciones erróneas. En la actualidad su uso es considerado complementario del análisis en suelo y -fundamentalmente- de la planta en su conjunto.

9. REFERENCIAS

Chaplin, M. H., R. L. Stebbins, and M. N. Westwood. 1977. Effect of fall-applied boron sprays on fruit set yield of Italian prune. HortScience 12:500-501.
Cook, J. A., y D. W. Wheeler. 1978. Use of tissue analysis in viticulture. En: H. M. Reisenauer (ed). Soil and plant tissue testing in California.Bulletin 1879 University of California.
Ferrandon, M., y A. Chamel. 1988. Cuticular retention, foliar absorption and translocation of Fe, Mn and Zn supplied in organic or inorganic form. J. Plant Nutr. 11:247-263.
Muñoz, N., J. Guerri, F. Legaz, y E. Primo-Millo 1993. Seasonal uptake of 15N-nitrate and distribution of absorbed nitrogen in peach trees. Plant and Soil 150:263-269.
Sánchez, E. E., H. Khemira, D. Sugar y T. L. Righetti. 1995. Nitrogen management in orchards. 327-3809. En: Nitrogen fertilization in the environment. (ed) P. E. Bacon, Marcel Dekker, New York.
Sánchez, E.E. y T. L. Righetti. 2002. Misleading zinc deficiency diagnoses in pome fruit and inappropriate use of foliar zinc sprays. Acta Horticulturae 594: 363-368.
Sánchez, E. E., T. L. Righetti , D. Sugar y P. B. Lombard. 1991. Recycling of nitrogen in field-grown Comice pears. J. Hort. Sci. 66:479-486.
Sánchez, E. E., T. L. Righetti , D. Sugar y P. B. Lombard. 1992. Effect of timing of nitrogen application on nitrogen partitioning between vegetative, reproductive, and structural component of mature Comice pears. J. Hort. Sci. 67:51-58.
Weinbaum, S. A., I. Klein, F. E. Broadbent, W. C. Micke , y T. T. Muraoka. 1984. Effects of time of nitrogen application and soil texture on the availability of isotopically labeled fertilizer nitrogen to reproductive and vegetative tissue of mature almond trees. J. Amer. Soc. Hort. Sci. 109:339-343.
Williams, L. E. 2000. Fertilizer use efficiency and influence of rootstocks on uptake and accumulation of nutrients in wine grapes grown in the coastal valleys of California. Proceedings of the 8th annual fertilizer research and educational program conference. Tulare, California.
* Artículo publicado en Revista fertilizar Numero 34, Diciembre 2004

 

Ing. Agr. PhD. Enrique E. Sánchez
INTA EEA Alto Valle

 


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