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EL CULTIVO DEL ALBARICOQUE (2ª parte)
The apricot growing

1. Origen.
2. Taxonomía y morfología.
3. Importancia económica y distribución geográfica.
4. Requerimientos edafoclimáticos.
   4.1. Clima.
   4.2. Suelo.
5. Propagación.
6. Material vegetal.
   6.1. Patrones.
   6.2. Variedades.  
7. Particularidades Del Cultivo.
   7.1. Plantación.
   7.2. Riego.
   7.3. Polinización.
   7.4. Poda.
   7.5. Entresacado de frutos.
   7.6. Abonado.
8. Plagas y enfermedades.
   8.1. Plagas.
   8.2. Enfermedades.
9. Recolección.
10. Postcosecha.
   10.1. Calidad.
   10.2. Temperatura óptima.
   10.3. Humedad relativa óptima.
   10.4. Tasa de respiración.
   10.5. Tasa de producción de etileno.
   10.6. Efectos del etileno.
   10.7. Efectos de la atmósferas controladas.
   10.8. Fisiopatía.
   10.9. Enfermedades.
   10.10. Propiedades nutritivas.


 
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8. PLAGAS Y ENFERMEDADES.

8.1. Plagas. 

8.1.1. Pulgones.

Constituyen una de las plagas más corrientes en los cultivos de huerta y frutales, causando enormes daños en las plantas que son atacadas. Las especies que revisten mayor gravedad en los frutales de hueso son el pulgón del melocotonero (Myzus persicae), el pulgón del almendro (Brachycaudus helichrysi) y el pulgón ceroso (Hyalopterus amygdali).


Figura 10. Colonia, pulgón y adulto de Myzus persicae.


Figura 11. Adulto de Brachycaudus helichrysi.


Figura 12. Hyalopterus amygdali.

Se trata de pequeños insectos de una longitud aproximada de 1,5 a 2,5 mm, que están provistos de un largo pico que clavan en las plantas para chuparles el jugo. Tiene forma redondeada y color verde o negro. Existen formas aladas y no aladas. En la parte posterior del abdomen presentan dos tubos por los que expulsan una sustancia cerosa que los protege. Segregan un líquido azucarado que atrae a las hormigas. Se encuentran en el envés de las hojas y en los brotes tiernos, sobre los que a veces están en tal cantidad que los recubre totalmente, secando los brotes y arrugando las hojas, con el consiguiente perjuicio para la planta.

Pasan el invierno en forma de huevo cerca de la base de las yemas. La eclosión tiene lugar en febrero-marzo, dando lugar a hembras ápteras (sin alas), que se dirigen hacia las hojas. Estas hembras reciben el nombre de fundadoras y originan nuevos individuos de forma partogenética (sin fecundación). Con el aumento de las temperaturas en verano, los pulgones emigran sobre diversas plantas herbáceas, sobre las que continúan multiplicándose, para volver a los frutales hacia el otoño. Aparecen entonces individuos sexuados, realizando las hembras las puestas de los huevos de invierno.

El éxito en el control de esta plaga radica en realizar el primer tratamiento al aparecer los primeros pulgones. Mientras las hojas no están todavía enrolladas pueden emplearse insecticidas de contacto como pirimicarb. Cuando aparece un elevado porcentaje de hojas enrolladas, debe recurrirse a la aplicación de productos sistémicos . Es conveniente alternar materias activas en los tratamientos para evitar la aparición de resistencias. Las materias activas que pueden emplearse son las siguientes: alfa cipermetrin, azadiractin, bifentrin, eipermetrin, deltametrin, imidacloprid, lamba cihalotrin, tau-fluvalinato, tiacloprid y zeta-cipermetrin.

8.1.2. Barrenillos.

Existen dos especies de barrenillos pertenecientes a la familia de los coleópteros (escarabajos): el Scolytus y el Xyleborus dispar, cuyas larvas penetran en los troncos y ramas gruesas.

Scolytus rugulosus es un escarabajo de 2 a 2,5 mm de longitud. Aparece en marzo-abril (primera generación) y más tarde en agosto (segunda generación). La hembra abre bajo la corteza una galería ascendente de 2 a 3 cm de longitud, a cada lado de la cual deposita una veintena de huevos. Las larvas, desde su nacimiento, excavan otras galerías perpendiculares a la principal; después de terminada su evolución, salen habiendo preparado previamente un pequeño orificio redondo a través de la corteza. Su presencia determina la muerte de los árboles en un plazo más o menos rápido, según su vigor. Es, por tanto, un parásito de debilitamiento, proliferando en las plantaciones mal cuidadas donde los árboles están debilitados. Sin embargo, también puede aparecer sobre árboles vigorosos momentáneamente debilitados por un accidente climático (helada, granizo, exceso de agua, etc.).


Figura 13. Scolytus rugulosus.

Xyleborus dispar se trata de otro escarabajo, un poco más grande que el anterior, de 3 a 3,5 mm de longitud, de color negro. Presenta dos generaciones anuales y las larvas excavan galerías hasta la madera, perpendicularmente a la superficie de la corteza. Viven en común en un sistema de galerías maternales. Salen del árbol como el Scolytus, perforando la corteza y sus daños son parecidos.


Figura 14. Xyleborus dispar.

Para combatir los barrenillos lo más práctico es eliminar la primera generación e impedir así su posterior propagación. Esta primera generación suele hacer su aparición en los meses de marzo-abril. Como es lógico, dada la forma de vida de estos insectos, habrá que emplear productos de gran poder de penetración. Están indicados productos como tau-fluvalinato. Resulta muy aconsejable eliminar las ramas atacadas y quemarlas en invierno. En algunos casos incluso resulta oportuno arrancar árboles muy afectados y quemarlos. La leña de poda debe quemarse inmediatamente, ya que constituye un refugio para los barrenillos.



8.1.3. Cochinilla perniciosa o piojo de San José (Quadraspidiotus perniciosus).

Apareció en España por primera vez en la zona frutera del Llobregat, hacia 1933, y actualmente está extendida por todo el litoral mediterráneo. Ataca a toda especie de árboles frutales, tanto de pepita como de hueso, y también a numerosas plantas ornamentales, arbustivas o arbóreas.

Generalmente inverna en su segunda edad. Al llegar la primavera reanuda su actividad y crecimiento y alcanza el estado adulto después de sufrir varias mudas. A lo largo del año se suceden tres generaciones, no bien definidas por prolongarse los nacimientos durante cierto tiempo; por ello se encuentran a la vez cochinillas de diversas edades. Los machos, más precoces que las hembras, al llegar al estado de insecto perfecto, abandonan su escudo y salen al exterior en busca de aquéllas y mueren poco después de efectuada la fecundación. Las larvas recién nacidas vagan durante algún tiempo por la planta en busca de sitio donde fijar su pico chupador; si encuentran lugar libre en los alrededores del escudo materno, se quedan allí; en caso contrario, se alejan más o menos hasta hallar un punto conveniente. En el sitio donde clavan su pico chupador permanecen durante el resto de su desarrollo y hasta su muerte, si se trata de hembras. El período de vida libre es breve, y las larvitas que no logran encontrar en un plazo de pocas horas un espacio propicio para fijarse, perecen; las que lo consiguen comienzan a chupar la savia del árbol.


Figura 15. Larva y adulto de Quadraspidiotus perniciosus.

La difusión del insecto a distancia tiene lugar mediante plantones, injertos o estaquillas procedentes de árboles contaminados. Deben realizarse inspecciones en los árboles de vivero, realizándose los tratamientos fitosanitarios necesarios para evitar la propagación de la plaga a nuevas plantaciones. En los focos de contagio, la diseminación natural se manifiesta extendiéndose como manchas de aceite alrededor de los primeros árboles atacados y más o menos rápidamente según las condiciones locales de clima y cultivo, densidad de plantación, etc. El contagio se produce por las larvas de primera edad que, llevadas por las aves o arrastradas por el viento, pueden pasar de un árbol a otro.

Para poder combatir eficazmente esta plaga es fundamental llevar a cabo los tratamientos de invierno, época en que pueden aplicarse insecticidas enérgicos sin causar daño a los árboles, por estar en ese momento desprovistos de hojas. La pulverización ha de hacerse al final del invierno, pero antes de que las yemas comiencen a hincharse. Los tratamientos complementarios, a lo largo del año, deben efectuarse al aparecer las larvas, ya que al no estar protegidas por ningún caparazón, resultan muy vulnerables. Las fechas más frecuentes de aparición de larvas son mayo (primera generación), julio-agosto (segunda generación) y septiembre-octubre (tercera generación). Entre los productos más adecuados a emplear en esta plaga se encuentran: aceite de parafina, aceite de verano, azadiractina, polisulfuro de cal, etc.

8.1.4. Mosca de la fruta (Ceratitis capitata).

Es una mosca algo más pequeña que la común que presenta los ojos verdes, el tórax gris plateado y el abdomen amarillo con dos bandas grises. La hembra está dotada de un puntiagudo taladro que le sirve para hacer la puesta sobre distintos frutos. Las larvas que nacen de estos huevos, mal llamadas gusanos, son blancas y alargadas. La hembra perfora la piel de la fruta para depositar los huevos. A los 3-5 días nacen las larvas que causan la descomposición de la pulpa. Al cabo de unos días las larvas se dejan caer al suelo transformándose en pupas, de las que nacen los insectos adultos. Los ataques a albaricoques y melocotones comienzan a partir de junio.


Figura 16. Mosca de la fruta (Ceratitis capitata).

La carne, reblandecida hasta el hueso, queda con una consistencia semilíquida, apareciendo en esta masa unas larvas blancas, causantes del daño.

Para controlar esta plaga, pueden emplearse:

• Mosqueros: estos frascos de vidrio, de forma especial para que una vez que entre la mosca no pueda salir, deben colocarse hacia el mes de junio. En su interior se pondrá un cebo a base de 2 partes de fosfato amónico y 100 partes de agua. Antes de que se haya evaporado el líquido, se volverá a llenar con las misma solución. Se colgarán de una rama orientada al mediodía y sombreada para evitar la evaporación.

• Pulverización total. Para combatir la plaga por medio de pulverizaciones totales, los productos que mejor resultado proporcionan son los siguientes: fention 40 %, a dosis de 150-200 g · hL-1 de agua.

8.2. Enfermedades.

8.2.1. Oidio.

Enfermedad de gran importancia en la mayoría de las variedades de melocotonero y, en menor medida, en albaricoquero. Ataca las hojas de las extremidades de los ramos, en las que se manifiesta en forma de un polvo blanco que las recubre. Las hojas acaban por caer. Los frutos pueden ser atacados cuando tienen el tamaño de una nuez, cubriéndose de manchas circulares de 1 a 2 cm de diámetro, que alteran la piel y la resquebrajan. Los ataques tienen lugar en mayo, junio, septiembre y octubre. El parásito inverna en las yemas o en la vellosidad de los ramos. Cuando la temperatura media es apropiada, comienza a desarrollar esporas que, transportadas por el viento, aseguran su diseminación. Estas esporas germinan cuando se dan humedades altas y temperaturas sobre los 20 ºC.

Dada la forma de invernar el hongo, los tratamientos deben iniciarse ya a la caída de los pétalos y repetirse a los 12-15 días. Si en el curso de la vegetación se presentan nuevos ataques, hay que efectuar un nuevo tratamiento y repetirlo a los 8 días. El azufre es el funguicida antioidio clásico. No obstante, para su empleo correcto han de tenerse en cuenta los siguientes puntos:

• No tratar con temperaturas elevadas, para evitar el riesgo de quemaduras.
• Las variedades de albaricoquero Búlida y Moniquí son sensibles al azufre.
• En las variedades con destino a conserva, los residuos de azufre resultan perjudiciales.
Otras materias activas que pueden utilizarse con oideo son: bitertanol, bupirimalo, ciproconazol, metil tiofanato, miclobutanil, penconazol, polisufuro de cal, etc.

8.2.2. Cribado.

Esta enfermedad se conoce también con el nombre de “perdigonada”. Sobre los botones de flor y las yemas de madera provoca su destrucción. Este hongo resiste al frío y puede desarrollarse a –6 ºC, es decir, que su desarrollo es posible en pleno invierno, si la humedad es la adecuada. Generalmente los daños se aprecian al final de diciembre y las yemas o botones alcanzados por la enfermedad desaparecen o se secan. Con frecuencia escurre un rastro de goma de la base y del punto atacado, formando un chorro negruzco que puede contaminar las yemas inferiores. La yema terminal de los ramos casi nunca es atacada. Esta enfermedad causa gravísimos daños en la región mediterránea sobre los botones de flor y yemas de madera. Sobre las hojas las esporas pueden caer en el pedúnculo y provocar su desecamiento y, por consiguiente, la caída de la hoja, o bien sobre el limbo, en cuyo caso forman una mancha violácea y después un agujero, de donde le viene el nombre de cribado o perdigonada. Sobre los ramos, en los todavía verdes, provoca su desecamiento y un escurrimiento de goma o bien forma una mancha marrón rodeada de rojo y en los de más de 1 año, da lugar a una especie de chancros, cuyo punto de partida es una yema que ha sido atacada y destrozada previamente. Sobre los frutos causa manchas en número variable que se caracterizan por su coloración roja, que puede prestarse a confusión con los ataques de piojo de San José. En algunos casos por estas manchas aparecen también pequeñas gotitas de goma.

Para controlar el cribado, se debe tomar las siguientes precauciones:

• Al podar en invierno, recoger y quemar todas las partes atacadas y desecadas.
• Tener árboles sanos y vigorosos mediante el cultivo racional, el trabajo del suelo, el abonado equilibrado, etc.
• El cribado es extremadamente frecuente en los árboles debilitados por ataques de pulgones verdes y de lepra, especialmente en las partes del árbol menos regadas por la savia. Parece que los árboles no podados no sufren ataques tan violentos como los podados. La práctica de una poda muy metódica es por lo tanto aconsejable cuando se apliquen tratamientos muy seguidos y regulares.

Entre los tratamientos que se utilizan destancan:

• Caldo bordelés con un adherente, al 2 %, a la caída de las hojas, en los primeros días de diciembre. Este tratamiento es el más importante, pues limita la destrucción de las yemas y botones.
• Caldo bordelés, al 2 %, antes de la entrada en vegetación de los árboles.
• Oxicloruro de cobre o funguicidas de síntesis 15 días después de la caída de los pétalos, cuando el fruto queda al desnudo, para protegerlo, así como a las hojas y ramos jóvenes. Cuando la primavera es húmeda, se debe completar con uno o dos tratamientos más, realizados con tres semanas de intervalo después de los precedentes y efectuados con funguicidas de síntesis.).

8.2.3. Monilia.

Provoca la podredumbre de los frutos y, a menudo, en la primavera, la destrucción de las flores, de los ramos jóvenes o de las hojas, dando la apariencia de una helada. La infección del fruto se hace principalmente por las heridas (picadura de un insecto, contacto estrecho entre dos frutos); sin embargo, no es precisa la presencia de una herida para la introducción del hongo. El fruto es especialmente atacado cuando está próximo a la madurez, pues la epidermis es más tierna, pero los frutos verdes pueden ser también atacados. La enfermedad se conserva de un año para otro por medio de los frutos desecados que quedan sobre el árbol o en la tierra.

Para su control se emplean las siguientes precauciones:

• Recoger y quemar todos los frutos momificados.
• Hacer desaparecer con la poda todos los ramos secos.
• Se deben evitar las heridas gruesas y refrescar los cortes hechos con la sierra. Cuando la poda es regular y deja perfectamente limpio el árbol, la resistencia de éste a la Monilia es mayor.

En cuanto a los tratamientos, las sales de cobre tienen una acción insuficiente sobre la germinación de las esporas. Los tratamientos hechos contra el cribado sirven para reducir los daños de la Monilia, pero no los evitan por completo. Deben aplicarse tratamientos al inicio y en plena floración, con captan, ciproconazol, clortalonil, hidróxido cúprico, iprodiona, mancozeb, maneb, metil tiofanato, oxicloruro de cobre, etc. En caso de aplicarse metil tiofanato en un tratamiento, el siguiente debe realizarse con otro tipo de funguicida, al objeto de evitar al aparición de razas de Monilia resistentes. Para evitar los daños sobre los frutos, resulta muy interesante luchar contra los insectos que causan las heridas en los mismos, empleando insecticidas orgánicos.

8.2.4. Roya.

Afecta a melocotonero, ciruelo, almendro y albaricoquero. Provoca defoliación prematura. En estos frutales, la enfermedad produce en el haz de las hojas unas pequeñas manchas amarillas que se corresponden en el envés con otras de color pardo que al ser frotadas desprenden un polvillo color pardo claro. Este polvillo está formado por las uredosporas que propagan la enfermedad. A finales de verano el hongo emite un nuevo tipo de esporas bicelulares, las teleutosporas, que son la fase invernante del hongo. Los ataques suelen comenzar en los meses de julio-agosto, por lo que a la aparición de las primeras manchitas deben aplicarse fungicidas adecuados.

Para su control, aplicaciones de maneb, propineb, etc., en las fechas indicadas, suelen ser suficientes. En casos graves puede recurrirse al metil tiofanato, oxicarboxina, etc.

8.2.5. Gomosis.

Se trata de una alteración de carácter fisiológico que no puede ser atribuida a la presencia de bacterias, virus, insectos o hongos. No obstante, estas dos últimas causas favorecen su aparición al igual que los malos tratamientos, la carencia de abonado o el cultivo en terrenos no adecuados. Es decir, todo lo que contribuye a debilitar al árbol, lo predispone a la gomosis: podas excesivas, falta de afinidad entre patrón e injerto, abonados desequilibrados, excesiva sequía o humedad persistente, ataques violentos de parásitos vegetales o animales, etc. La aparición de la goma resulta de la formación en los tejidos de una materia viscosa y blanda, que escapa por las hendiduras, No es raro encontrar lágrimas alargadas, que se escapan en abundancia de los ramos y se desecan al aire.

Para el control, hace falta buscar las causas de la secreción de la goma y corregirlas. Hacer las podas más moderadas, si es posible, a fin de verano: drenar el suelo, hacer correctamente los tratamientos contra las plagas y enfermedades, y sobre todo no escatimar en el abonado. Las heridas serán limpiadas de sus masas de goma y lavadas abundantemente con la siguiente solución de caldo: acetato de cobre (1.000 g), permanganato potásico (500 g) y agua (100 L).

8.2.6. Chancro del melocotonero y de otros frutales de hueso.

Enfermedad debida al ataque de un hongo denominado Fusicoccum, que suele confundirse con el que produce el cribado. El ataque se inicia en las yemas de los brotes del alo o en los de la estación precedente. Aparece un área necrosada de color parduzco, ligeramente deprimida, de contorno elíptico y centrada sobre la yema atacada. Más tarde, cuando el chancro ha dado la vuelta al ramo, se observa el marchitamiento de la parte situada por encima de la zona atacada. Este desecamiento se manifiesta en la primavera, en la floración y, generalmente, a lo largo del verano. Es debido a que el hongo produce una sustancia tóxica que arrastra la corriente de savia ascendente. Si el ramo del año no muere, el parásito se mantiene y prosigue su evolución. Al año siguiente aparecen las fructificaciones negras del hongo que son las semillas o esporas, a partir de las cuales se propaga la enfermedad. Las hojas manifiestan el cribado del limbo y hasta las flores pueden ser atacadas.

Para el control, se realiza la supresión inmediata de las partes atacadas y pulverización en los estados siguientes: a la caída de las hojas, al desborre, a la floración y a la recolección con un caldo a base de funguicidas como el ziram, tiram o captan a la dosis corriente de 300 g de producto comercial por 100 L de agua.

8.2.7. Viruela.

Es producida por un virus que causa enormes pérdidas en albaricoqueros Búlida y Gaita Rocha. Los frutos del albaricoquero afectado por la viruela presentan en la superficie unas depresiones y abultamientos más o menos acentuados, acompañados o no de cambio de color; estas depresiones son de tamaño pequeño, de 3 a 5 mm, y de forma más o menos irregular. En los casos de ataque intenso, el colorido de la parte atacada se oscurece, llegando a hacerse parduzco. Internamente la pulpa se reseca, endurece y oscurece más o menos intensamente.

No hay posibilidad de lucha directa. El único procedimiento eficaz está encaminado a evitar su propagación; consiste en injertar con yemas procedentes de árboles de más de 20 años, en los que no se haya observado nunca la enfermedad en frutos. Otras medidas complementarias son evitar los abonados nitrogenados en la maduración de la fruta y evitar los riegos excesivos en la maduración de la fruta.

9. RECOLECCIÓN.

La fecha de cosecha se determina por los cambios en el color de fondo de la fruta, de verde a amarillo. El color exacto entre verde y amarillo depende del cultivar. Los albaricoques se deben cosechar cuando aún están firmes, debido a que son muy susceptibles al magullamiento cuando se ablandan. La mayor parte de los cultivares de albaricoques se ablandan rápidamente, volviéndose muy sensibles a las magulladuras y a la pudrición subsecuente.

10. POSTCOSECHA.

10.1. Calidad.

La mayor aceptación por parte del consumidor se logra con fruta de alto contenido de sólidos solubles (CSS) (>10%) y con una acidez moderada (0.7-1.0%). Los frutos que tengan una firmeza de pulpa de 2-3 libras de presión se consideran "listos para el consumo". Los cultivares de albaricoque se caracterizan por una tasa alta de ablandamiento: 3 libras de presión por día a 20°C.

10.2. Temperatura óptima.

Se recomienda de -0.5 a 0°C. La susceptibilidad de los cultivares al daño por congelamiento depende del CSS, que puede variar entre 10 y 14%. El punto más alto de congelamiento es de –1.0°C.

10.3. Humedad relativa óptima.

La humedad relativa óptima oscila entre el 90 % y el 95 %.

10.4. Tasa de respiración.


Tabla 2. Tasa de respiración del albaricoque en postcosecha.

10.5. Tasa de producción de etileno.

La tasa de producción de etileno aumenta con la maduración y con la temperatura de almacenamiento [desde <0.1 µL · kg-1 · h-1 a 0 °C hasta 4-6 µL · kg-1· h-1 a 20°C para albaricoques maduro-firmes, y más alta para albaricoques maduro-blandos].

10.6. Efectos del etileno.

La exposición al etileno acelera la maduración (según lo reflejan el ablandamiento y los cambios rápidos de color de verde a amarillo). Además, el etileno puede favorecer el crecimiento de hongos que llevan a la pudrición.

10.7. Efectos de las atmósferas controladas.

Los beneficios principales de la AC durante el almacenamiento o el embarque son la conservación de la firmeza y del color de fondo de la fruta. Se recomiendan condiciones de AC de 2-3% O2 + 2-3% CO2 para obtener beneficios moderados; el grado de beneficio depende del cultivar. La exposición a <1% O2 puede resultar en el desarrollo de sabores desagradables y > 5% CO2 puede causar pardeamiento del tejido y pérdida del sabor.

10.8. Fisiopatías.

Descomposición Gelatinosa (Gel Breakdown) o Daño por Frío: este problema fisiológico se caracteriza, en etapas tempranas, por la formación de zonas acuosas que luego se ponen pardas. La degradación del tejido a veces es acompañada por un aspecto esponjoso y la formación de gel. La fruta que se almacena entre 2.2 y 7.6°C tiene una vida útil corta y pierde sabor. La vida útil también está relacionada con el cultivar.

10.9. Enfermedades.

Pudrición parda: causada por Monilinia fructicola, es la enfermedad postcosecha más importante en el albaricoque. La infección comienza durante la floración. Las pudriciones pueden ocurrir en precosecha, pero son más frecuentes en postcosecha. Son estrategias de control la limpieza del huerto para minimizar fuentes de infección, las aplicaciones de fungicida en precosecha y el enfriamiento inmediato de la fruta tras la cosecha.

Pudrición por Rhizopus: causada por Rhizopus stolonifer, ocurre frecuentemente en frutas maduras o casi maduras a temperaturas de 20 a 25°C. Para combatir este hongo, resulta muy efectivo enfriar la fruta y mantenerla a una temperatura inferior a 5°C.

10.10. Propiedades nutrivas.

Comparado con otras frutas, su aporte energético es bastante bajo, dada su elevada cantidad de agua y modesto aporte de hidratos de carbono. Destaca por la abundancia de fibra, que mejora el tránsito intestinal, y su contenido en provitamina A (beta-caroteno), de acción antioxidante. Su contenido mineral no es menos importante, ya que es rico en elementos como el potasio y, en menor proporción, en magnesio y en calcio, este último de peor aprovechamiento que el que procede de los lácteos u otros alimentos que son buena fuente de dicho mineral. El beta-caroteno se transforma en vitamina A en nuestro organismo conforme éste lo necesita. Dicha vitamina es esencial para la visión, el buen estado de la piel, el cabello, las mucosas, los huesos y para el buen funcionamiento del sistema inmunológico, además de tener propiedades antioxidantes. El potasio es un mineral necesario para la transmisión y generación del impulso nervioso y para la actividad muscular normal, además, interviene en el equilibrio de agua dentro y fuera de la célula. El magnesio se relaciona con el funcionamiento de intestino, nervios y músculos, forma parte de huesos y dientes, mejora la inmunidad y posee un suave efecto laxante.


Tabla 3. Composición por 100 g de porción comestible.

 


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