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Preferencias consumidores
El consumidor se impone al agricultor
Para generar sus nuevas variedades la industria de la semilla se orienta a lo que busca el comprador en el supermercado
31/07/2008 El Mercurio





Redondo, alargado, en distintos tonos de rojo; crece aislado o apiñado en racimos. Sirve de entrada, plato de fondo y también de postre. Diverso y multifunción. El tomate es la hortaliza más consumida en el mundo. Sólo en su versión en fresco moviliza 50 billones de euros. Por ello, independiente de los colores, sabores y formas, lo que ocurre en torno a él, en cuanto a nuevas tecnologías, marketing y productos, marca la pauta para los demás vegetales y alimentos.

Como en cualquier cultivo, con el tomate es la pequeña simiente la que determinará el resultado final del cultivo.

Y es precisamente en la industria de la semilla dónde se están marcando las nuevas tendencias de producción y consumo.

En la Conferencia del Tomate Sabor, creando calidad de vida, que Syngenta convocó recientemente en Noordwijkerhout, Holanda, quedó claro: La industria se enfoca en el consumidor final para generar sus nuevos productos. Pero no en el que es su cliente directo - el agricultor- sino en el que compra en la góndola del supermercado o en los puestos de la feria.

Tan importante es el tema, que incluso transnacionales semilleras tienen a un sicólogo experto en tendencias de consumo al interior de la compañía para intentar descubrir qué es lo que ese personaje quiere.

Lo que hemos hecho es mirar las necesidades del consumidor, pero sin perder de vista las del productor, recalca Andrés Goic, presidente y director general mundial del área de vegetales de Syngenta.

Es lo que tiene a los investigadores trabajando en generar variedades que respondan a las demandas de esos consumidores. Todo lo que se hace en el sector impacta a la sociedad, dice Onno Franse, director del programa Viviendo sanamente de Royal Ahold.

Y lo que ocurre con el tomate es sólo un anticipo de las tendencias que vienen en hortalizas y alimentos.

CAMBIO DE FOCOS

Por años existió la cultura de la alimentación. Es decir la gente sabía de dónde venían sus alimentos - generalmente del entorno cercano- , se comía por necesidad y era un momento de encuentro social. Pero la segunda Guerra Mundial marcó un quiebre. La escasez de alimentos obligó a mejorar la productividad y aumentó la producción más industrializada. El foco era asegurar la comida y se buscó que los cultivos rindieran más.

Con las nuevas variedades las producciones se volvieron abundantes y comenzó el intercambio comercial global. Entonces la necesidad fue desarrollar variedades adecuadas para soportar los estresantes viajes a otros países. Aparecieron los larga vida y los de maduración temprana o tardía, entre otros. Es decir, el foco fueron las necesidades del comercio y de la distribución.

El principio del siglo XXI implicó un nuevo giro: la salud. Ahora ya no se come sólo para nutrirse, sino que se busca que los alimentos sean un aporte a la salud. Por ejemplo, que la piña ayude a mejorar la piel, que la vitamina C de los berries, o el licopeno de los tomates, ayuden a luchar contra enfermedades. El consumidor empieza a transformarse en un protagonista.Además, el auge de la agroindustria y de la comida de rápida y fácil preparación impuso nuevas necesidades: se requieren variedades específicas para cada uso. Es decir, si se quiere salsa de tomate, no es llegar y utilizar los maduros, sino que se requiere uno especial; si el objetivo es vender papas para fritas, hay que cultivar variedades distintas a las que para hacer puré.

Y desde 2007 hay un cambio aún más profundo.

A la salud se agrega una búsqueda de autenticidad y sustentabilidad. Y el consumidor quiere ahora productos con buen comportamiento: que sean cultivados o elaborados de forma sostenible, tanto desde el punto de vista humano - ojalá por campesinos pobres- como ambiental.

Quieren gozar la vida, pero al mismo tiempo quieren ser responsables por la sustentabilidad de ese gozo, enfatiza Anneke Ammerlaan, de Ammerlaan Gusto y Tendencias.

Lo que demandan, en busca de lo auténtico, es, entre otros, recuperar aspectos perdidos: sabor, crocancia, color.... Son esas nuevas demandas las que se imponen en los laboratorios de la industria.

El consumidor tiene el poder. Cada vez más. Tiene una porción importante en la decisión del agricultor de qué producir. Como empresas, debemos responder anticipadamente a esas necesidades. Necesitamos saber qué pedirá antes de que lo esté exigiendo, pues tenemos las tecnologías para responder a ellas, dice André Goic.

LO QUE PIDE EL CONSUMIDOR

Así, el intento de la industria ahora es devolver esas nuevas condiciones y los investigadores ponen todos sus laboratorios a buscar productos con carácter, el mismo que le asignan los consumidores. Y carácter que identifican a través de todos sus sentidos.

Comer involucra a todos los sentidos. Por ello, la primera impresión del sabor es visual, explica Ammerlaan.

Además, el de hoy es un consumidor informado al que ya no le basta con saber qué es lo que tienen al frente.

Los consumidores no entienden por qué hay tantos tomates distintos en el mercado: Entonces uno de los objetivos es clarificar y segmentar la oferta, explica Elena Ozeritskaya, gerente de área de vegetales de Syngenta.

Quiere también conocer qué más le ofrece un alimento, sus usos específicos, cómo, dónde y por quién fue cultivado, cosechado y envasado.

En el contexto actual, la información juega un papel esencial. Es la mejor forma que los consumidores sepan lo que hay en el mercado y que estén dispuestos a probarlo, comenta Rik Lootens, gerente de negocios de productos de Tomato North.

Lo que ahora se quiere son productos auténticos; es decir, que recuperen sus condiciones naturales. Pierde trascendencia el que todo sea perfecto, pues como mencionan en Holanda, la fortaleza está en el producto, y la confianza está en la imperfección.

Y demandan más cercanía y frescura, quieren productos que vengan de algún lugar lo más cercano posible. Eso es un lujo, que llevará a que los productos industriales, como los tomates envasados, deshidratados o preservados, se vuelvan premium.

Aparecen conceptos como el del comercio de marcas... donde ya no es el nombre de una empresa el que impera, sino que el producto en sí. Lo que se hace con la palta, por ejemplo, donde la inversión va a posicionar el producto, independiente de quién lo produzca o venda.

Entonces, en Holanda quedó claro cuál es el desafío que enfrenta la industria de la semilla: encontrar productos valiosos para los consumidores.

La oferta, el rango de ella, tiene que tener sentido para los consumidores. Lo importante es que el público objetivo logre identificar el producto adecuado para él, dice Ozeritskayam, refiriéndose al tomate.

TIPOS DE COMPRADORES

En un estudio realizado en Gran Bretaña, Alemania, Holanda, Italia, España y Francia, sobre el consumo del tomate se descubrió que: cerca del 30% de los consumidores busca un gusto aceptable por un buen precio; un 25% pertenece al segmento buscador de calidad, que optan por los más tradicional; 25% son consumidores de conveniencia que quieren producto envasado y snacks; y entre un 10 y un 15% son buscadores de experiencia, es decir quieren nuevas formas y colores.






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