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Artículo de opinión
¿Despotismo ilustrado en Naciones Unidas?
Tras el fracaso de la Reunión celebrada en Roma en junio del año pasado ésta Reunión se muestra, no solo oportuna, sino necesaria para intentar alcanzar los objetivos del Milenio
02/02/2009 ASAJA





Ha tenido lugar en Madrid la ''Reunión de Alto Nivel sobre Seguridad Alimentaria para Todos'' que, bajo el paraguas de Naciones Unidas, ha organizado el Gobierno de España a través de nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores y más concretamente, por la Secretaria de Estado de Cooperación.

Tras el fracaso de la Reunión celebrada en Roma en junio del año pasado y bajo la sombría perspectiva del hambre y la pobreza que avanzan en el Mundo, y muy particularmente en las áreas rurales, agudizada por la crisis financiera y económica internacional, esta Reunión se muestra, no solo oportuna, sino necesaria para intentar alcanzar los objetivos del Milenio, hoy amenazados por la agravación del mapa del hambre en el Planeta.

Sin embargo, esta Reunión ha nacido con una grave malformación. No se ha tenido en cuenta a los principales implicados en este proceso; Los agricultores y ganaderos.

En efecto, las áreas rurales son las zonas más afectadas por este oscuro panorama de la pobreza y el hambre mundial. Son los agricultores que habitan estas áreas los que padecen en sus propias carnes las sequías, las pérdidas de cosechas, el abandono y la falta de inversiones, la deficitaria formación, la voracidad de los gobiernos corruptos, las plagas o la crueldad de una especulación globalizada.

Siendo el principal afectado de esta crisis alimentaría, el agricultor es también el protagonista de su solución. Es la agricultura y no otra actividad quien está llamada, como siempre ha sido, para afrontar el reto de procurar alimentos para una población creciente y con mayores necesidades nutricionales.

Y sin embargo, los organizadores, tanto Naciones Unidas como nuestros Gobiernos, han vuelto a dejar de lado a los protagonistas del acto, a los agricultores y ganaderos, relegándoles al papel de convidados de piedra. En un nuevo ejercicio de Despotismo Ilustrado, la FAO, Naciones Unidas, las grandes corporaciones y los distintos Gobiernos, empezando por el nuestro, han actualizado y adaptado la máxima para anunciar al Mundo: “Todo para los agricultores, pero sin los agricultores”.

Son muchos los factores que pueden enumerarse a la hora de explicar los motivos de la crisis alimentaria; el crecimiento demográfico, las nuevas demandas de países emergentes, la crisis del petróleo y las nuevas políticas energéticas, las presiones especulativas en los mercados de las materias primas, el cambio climático, etc. Todas estas causas están respaldadas por las más diversas teorías, avaladas todas por prestigiosos estudios de las más reconocidas autoridades, por lo que su discusión está fuera de mi alcance.

Sin embargo, como ciudadano de a pie, que procura informarse, y como agricultor que tiene la fortuna de poder ver las cosas desde su tractor, me gustaría llamar la atención sobre tres o cuatro cuestiones, que para mi son obvias y que, sin embargo, no las veo debidamente reflejadas en este tipo de Cumbres.

Desde mi punto de vista, mientras no se avance en la democracia en el Mundo no se podrá luchar con garantías de éxito contra los males que asolan el Planeta. Posiblemente el déficit democrático en tantísimos países sea la principal causa de la dramática situación que viven sus pueblos y sus habitantes.

Si la corrupción es una tentación innata en el ser humano, no cabe duda de que las dictaduras y los regimenes totalitarios son su mejor caldo de cultivo, su hábitat idóneo. Lamentablemente, por muy buenas que sean las intenciones, si no somos capaces de atajar esta lacra de la corrupción y no logramos reducir el déficit democrático, muchas de las acciones que intentemos poner en marcha no tendrán más que efectos contraindicados.

El Ministro Moratinos ha anunciado en la Reunión de Alto Nivel su empeño en lograr que, mas pronto que tarde, la iniciativa de destinar el 0’7% del PIB de los países industrializados a medidas tendentes a acabar con la pobreza sea una medida de obligado cumplimiento.

Este loable empeño, que arranca los aplausos unánimes de todos los que nos sentimos solidarios y sensibilizados con nuestros hermanos más desfavorecidos, no impide que me asalte la duda, la sospecha de que el más contento por esta noticia no vaya a ser el reyezuelo de turno, el político corrupto, el gobernante sátrapa o el vividor que viaja en clase preferente y se aloja en los mejores hoteles con el dinero de los donantes y contribuyentes bienintencionados.

Creo que no solo yo, sino una gran mayoría nos mostraríamos más tranquilos y, lo que es más importante, con mayor disposición a realizar nuevas aportaciones, si tuviéramos la seguridad y la confianza de que estos fondos se destinan y llegan a las poblaciones más necesitadas, a los proyectos más solidarios, a salvar vidas, a educación y formación, a infraestructuras y al fomento del comercio local y regional, y no a perpetuar sistemas corruptos, regímenes dictatoriales ni a financiar guerras y masacres tribales.

La Humanidad se enfrenta a tres grandes retos. Desafíos de trascendencia planetaria y de importancia vital. El reto alimentario, el energético y el medioambiental.

El reto alimentario es el principal. Con una población que crece exponencialmente, hasta el punto de que alcanzaremos los nueve mil millones de habitantes a mediados de siglo, y con nuevas exigencias nutricionales, especialmente en los grandes países y potencias emergentes, nos encontramos con la perentoria necesidad de duplicar la producción de alimentos para poder satisfacer las necesidades de la sociedad en un futuro no muy lejano.

Con unas disponibilidades de suelo ya prácticamente realizadas, el desafío es similar al de la primera Revolución Verde y requiere no menos ambición y amplitud de miras. Debemos dotarnos de los recursos necesarios y aprovechar las oportunidades que la ciencia pone a disposición de la agricultura para sacar el máximo partido a nuestras explotaciones, a nuestras producciones.

El agua es, desde el comienzo de nuestras civilizaciones, fuente de riqueza y de alimentos, garantía de abastecimiento y elemento de cohesión entre territorios. El acceso al agua y su óptima utilización debe ser una de las prioridades en todas las políticas agrarias, alimentarias y de desarrollo y ha de constituir uno de los principales ejes de inversión.

No podemos afrontar los retos del siglo XXI con la visión y las herramientas del Siglo XIX. Tenemos a nuestra disposición una tecnología que puede permitirnos alcanzar los objetivos que el nuevo Milenio nos presenta. Y podemos y debemos afrontarlos, con precaución, no con miedo, con curiosidad, no con recelo.

La Ciencia, que tanto ha permitido avanzar a la Humanidad a lo largo de los últimos años, debe ser quien también en Agricultura, nos permita afrontar el futuro con confianza. No podemos condenar a los agricultores y ganaderos a permanecer ajenos a los avances de la sociedad.

Mucho mejor que yo lo supo decir el Presidente Obama al jurar solemnemente el cargo; “Volveremos a situar la Ciencia en el lugar que le corresponde y utilizaremos las maravillas de la tecnología…Aprovecharemos el Sol, los vientos y la tierra para hacer funcionar nuestros coches y nuestras fabricas.”

De esta manera, el “nuevo líder mundial” (como habrá adivinado el amable lector, me sigo refiriendo a Obama) me da paso al segundo gran reto; el de la independencia energética. Y que con esto nadie pretenda provocar un enfrentamiento entre “Comestibles” y “Combustibles”. En la crisis alimentaria que hemos padecido el año pasado fue precisamente el arroz quien más encareció sus precios sin conocerse hasta la fecha ningún aprovechamiento energético para este producto.

En la mente de todos esta presente que la alimentacion es la principal prioridad. Pero tampoco debemos olvidar que el mundo se mueve con energía y que las últimas crisis y conflictos que la Humanidad ha vivido han tenido al petróleo como denominador común. Y el dilema no es cuanto tiempo podemos vivir del petróleo sino cuanto tiempo queremos vivir dependiendo del petróleo, o como diría el jeque Yamani “Al igual que la Edad de Piedra no se extinguió por falta de rocas, tampoco la Era del Petróleo ha de esperar a que se acabe el crudo para dar paso a una nueva Era ”

Y ya vamos retrasados en el debate de cómo sustituir las fuentes de energía fósil y contaminante como principal motor de nuestras economías.

La agricultura y el medio rural, los recursos forestales y los espacios naturales que gestionamos los agricultores y ganaderos constituyen un inmenso potencial de producción de nuevas energías, renovables, sostenibles y cercanas a los principales puntos de consumo.

Todo ello, manteniendo y conservando el territorio, siendo los principales agentes de la conservación del espacio y de la naturaleza, contribuyendo de forma activa a través de nuestros cultivos y de la explotación racional de nuestros bosques, grandes sumideros de CO2, devolviendo a la tierra lo que la tierra nos da y preservando en buen estado para que nuestros hijos puedan disfrutar lo que nuestros padres nos transmitieron de generación en generación.

Desgraciadamente, parece que estos valores no están suficientemente reconocidos en los tiempos actuales ya que, según los últimos datos de la OCDE apenas se destina a agricultura el 4% de los Fondos destinados por los países donantes a la cooperación. Es necesario invertir esta tendencia y que la agricultura sea una de las prioridades de inversión, junto con la formación, como motor del desarrollo y del bienestar en las zonas más vulnerables del Planeta, como también lo es en los países industrializados.

La crisis financiera que estamos atravesando nos ha permitido sacar como conclusión unánimemente aceptada que el mercado por si solo no es suficiente para responder a las expectativas de una sociedad más justa, más equitativa y más desarrollada. Son necesarias medidas y mecanismos que hagan del comercio no un objetivo, sino un instrumento más para lograr el objetivo del Milenio que no es otro que el Desarrollo de todos los Pueblos.

La Unión Europea y sus agricultores hemos dado grandes pruebas de nuestra voluntad de avanzar en este sentido. No en vano hemos reformado nuestra PAC para que sus efectos no distorsionen los mercados ni las producciones de otros países, hemos reducido hasta su práctica desaparición las llamadas restituciones, es decir las subvenciones a la exportación, hemos desmantelado nuestras fronteras para las producciones de los países más pobres del Planeta, nos hemos convertido en los principales importadores mundiales y somos el principal destino de los productos agrarios procedentes de África y de Iberoamérica.

Desde mi punto de vista, la Agricultura, Todas las Agriculturas, constituyen la verdadera solución a estos grandes retos que la Humanidad debe afrontar. Claro que sólo es la opinión de un agricultor.

Me hubiera gustado compartir estas reflexiones en la Reunión de Alto Nivel sobre Seguridad Alimentaria para Todos. Desgraciadamente no ha podido ser. Otra vez será.






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