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El invernadero: tecnología punta al servicio de la agricultura

La Estación Experimental Cajamar da cuenta del enorme trabajo de investigación en I+D+i que hay tras el mar de plástico visible desde el espacio.
España - 27/02/2018
Reportaje
Material luminiscente que filtra la radiación para conseguir una mayor fotosíntesis.


Como el habitual lector de Infoagro conocerá, hace unos días les hablábamos de la enorme cantidad de proyectos que la Estación Experimental Cajamar lleva a cabo en su sede situada en el paraje de Las Palmerillas, en Almería. Dada la densidad de trabajo que aglutinan las áreas en las que se divide el centro, prometimos a nuestros lectores seguir desentrañando los proyectos del centro de investigación, realizando una serie de reportajes, cada uno de ellos centrado en una de las áreas de investigación.

Como lo prometido es deuda, en esta ocasión, el lector tendrá ocasión de conocer las tecnologías y las tendencias en investigación en aquello que hace excepcional la agricultura que se lleva a cabo en el entorno del centro: la agricultura intensiva bajo plástico.

La gran cantidad de superficie invernada de la provincia de Almería, con unas 31000 hectáreas de invernadero, más unas 3000 situadas en la provincia de Granada y casi 800 en la de Málaga, han posibilitado que la vertiente oriental de Andalucía se haya convertido en la huerta de Europa y provea a los mercados internacionales de frutas y hortalizas, saltándose la temporalidad de los frutos. Un hecho que da cuenta de la gran importancia que tiene la inversión que se realiza en la zona en la investigación de materiales para la construcción, mantenimiento y mejora de los invernaderos.

Un referente en la investigación en esta cuestión es el área de Tecnología de Invernaderos de la Estación Experimental Cajamar, de la que Juan Carlos López es el responsable. Los investigadores que trabajan en esta área evalúan las tecnologías que van surgiendo en este ámbito y desarrollan junto a empresas, o bien por iniciativa propia, proyectos con el objetivo de obtener tecnologías sostenibles medioambiental y económicamente, buscando la viabilidad de éstas en su aplicación al campo. 

Para conseguir la eficacia y eficiencia de un invernadero, lo primero a considerar es su estructura, condicionada por el clima de la zona en la que se encuentre el agricultor, por lo que en cada lugar, los invernaderos cuentan con estructuras y materiales de construcción diferentes que faciliten los climas más adecuados al tipo de cultivo que se va a realizar. Por ejemplo, las condiciones climáticas en el sureste español son muy diferentes a las de zonas frías, por lo que los requerimientos en cuanto a refrigeración y ventilación son muy distintos a los que pueden darse en Francia, Holanda o Inglaterra. A parte de los trabajos con materiales flexibles para cubierta de invernadero, también se realizan estudios con materiales rígidos, orientados a zonas áridas o semiáridas, con temperaturas extremas, como Oriente Medio, donde empresas españolas están compitiendo para abrirse mercado.

Además, los investigadores que coordina Juan Carlos López están desarrollando nuevas estructuras en un proyecto que presentarán próximamente en el que se incluyen nuevos materiales, no sólo estructurales, sino de protección del material de cubierta.

Éste último es el núcleo de una de las principales líneas de investigación del área y a la que se llevan dedicando desde los inicios del centro, llevando a cabo proyectos en colaboración con compañías productoras de materia prima, como el polietileno o EVA, entre otros, y de aditivos: los dos componentes de los materiales de cubierta. En sus investigaciones sobre estos materiales, buscan aplicaciones que se adapten a las condiciones del campo almeriense, como referente de la agricultura intensiva, caracterizado por tener momentos con excesos de temperatura y periodos de bajada, así como humedades altas; condiciones éstas que requieren la utilización de plásticos que consigan modificar la condensación que se produce dentro del material y, de esa forma, retirar el exceso de humedad; así como la ampliación de la vida útil de los plásticos utilizados y su resistencia a la degradación por materiales como el azufre procedente del sulfatado del cultivo, o el cloro que se utiliza en las desinfecciones. Además, la Estación Experimental Cajamar es miembro del Comité Español de Plásticos para la Agricultura (CEPLA), a través del cual lleva a cabo trabajos que incluyen normalizaciones de materiales de cubierta, y actúa de garante de la adaptación de dichas normalizaciones a las condiciones de la huerta de Europa.

Al margen de la estructura y materiales del invernadero, cobra gran importancia el control y la gestión del clima, lo cual permita el desarrollo de la producción hortofrutícola en condiciones ambientales controladas. Por ello, otro de los proyectos que en los que trabaja el equipo de López se centra en el desarrollo de sistemas de dobles cubiertas que aumenten la temperatura de los materiales. No obstante, en esta línea cobra especial importancia un proyecto que busca la consecución de energía limpia a través de la generación de biomasa, así como la recuperación del CO2 resultante de la combustión de dicha biomasa para volver a inyectarlo al invernadero, lo cual supondría un gran impacto a nivel económico y ambiental,  ya que reduciría costes energéticos y contribuiría a la reducción de la contaminación ambiental procedente de la quema de combustibles fósiles para la obtención de dicha energía.

De otro lado, las investigaciones de la Estación Experimental Cajamar contribuyen a las de empresas del sector, que pretenden desarrollar mallas para las ventanas de los invernaderos que reduzcan la presencia de plagas, permitiendo el flujo de aire y la ventilación del invernadero, haciendo dichas mallas más selectivas a las plagas mediante el cambio de propiedades ópticas, o aditivándolas con productos repelentes de plagas.

Se trata de una línea de investigación dentro del área de Tecnologías de Invernaderos que cuenta con una gran importancia, por lo que aglutina las novedades más destacadas de este ámbito, como ocurre en el caso de los tejidos térmicos. Una de las grandes novedades del área responsabilidad de Juan Carlos López es la consecución de un nuevo material luminiscente, con un color diferente a los materiales térmicos habituales, que permite la captura de una mayor cantidad de radiación y su conversión en el tipo de radiación que posibilita el incremento de la fotosíntesis del cultivo, y por tanto, un mayor crecimiento del mismo.

En definitiva, “las posibilidades son grandes –afirma López- el problema es ajustar las tecnologías para que sean económicamente rentables”. Un gran reto que, desde su nacimiento, la Estación Experimental Cajamar pretende allanar, con el desarrollo de nuevas tecnologías y avances que posibiliten el mismo nivel de revolución en la agricultura del futuro, que supone la actual con respecto a la de hace 60 años, cuando se inició la agricultura intensiva en Almería, y que da cuenta de que ese mar de plástico que se ve incluso desde el espacio, lleva tras de sí un enorme trabajo de investigación e I+D+i que la mayoría de la población ajena a la agricultura desconoce.

Tomates creciendo bajo el material luminiscente.
Sistemas y sensores de control del clima.
Caldera para la reinyección de CO2 al invernadero.



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