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I+D+i

El sector obtentor de semillas invierte entre un 20 y un 30% de su facturación en I+D+i

El porcentaje de inversión en I+D+i de las empresas obtentoras supera al que realizan las de farmacéutica o aeroespaciales.
12/02/2018
Trigo.


Las empresas dedicadas a la obtención de variedades vegetales han sacado pecho durante la reciente Feria Fruit Logistica celebrada en Berlín. En la que es la mayor del mundo en su género, con más de 3.000 expositores y 76.000 visitantes de 84 países, ha quedado patente que el potencial investigador de las empresas obtentoras es uno de los factores decisivos que explican el dinamismo exportador del sector hortofrutícola español.

España es el mayor exportador mundial de exportación de frutas y hortalizas y el octavo país del mundo en cuanto a volumen de producción. De los 27,8 millones de toneladas producidas, el 60% de la producción hortofrutícola se dedica a la exportación, lo que supuso en 2017 una cifra de negocio de más de 13.000 millones de euros. El 59% de la producción vegetal agraria española es hortofrutícola y en este ámbito se concentra el 40% del empleo agrario, unos 400.000 puestos de trabajo directos.

El indispensable papel de la obtención vegetal

La mejora u obtención vegetal es una actividad altamente innovadora, con gran trascendencia económica, que requiere indispensablemente una gran dedicación de recursos en investigación y desarrollo para poder poner todos los años nuevas variedades a disposición de los agricultores. Las compañías asociadas en ANOVE invierten entre el 20% y el 30% de su facturación en I+D+i y dedican hasta un 30% de su personal a esta labor fundamental de investigación. La generación de nuevas variedades da respuesta a la demanda de productores y consumidores finales y asegura, al mismo tiempo, la sostenibilidad económica, medioambiental y social de toda cadena alimentaria.

Y es que –señaló Antonio Villarroel, Secretario General de ANOVE– “el mercado demanda cada vez más alimentos frescos de absoluta calidad, con nuevas presentaciones, diferentes tamaños y texturas, nutritivos y con más sabor; los quiere en cualquier época del año, cerca de casa, a precios asequibles, más duraderos y con plena seguridad alimentaria. Si todo ello es posible es gracias a la investigación genética que llevan a cabo los obtentores vegetales” que, en la Unión Europea, tiene un volumen de negocio de 6.800 millones de euros y da empleo a 50.000 personas, una cuarta parte de ellas dedicada expresamente a la investigación.

Por otra parte, la obtención vegetal ha demostrado ser uno de los medios más eficientes para incrementar la productividad, mejorar la calidad y los valores nutricionales, así como para resolver problemas como enfermedades, plagas, escasez de agua u otras limitaciones del entorno a las que nos estamos enfrentando en los últimos años debido al cambio climático. Entre la década de los sesenta y el año 2000, los incrementos de productividad han sido espectaculares en todos los cultivos, creciendo entre el 1% y el 3% anual. Esto ha supuesto, por ejemplo, que en el caso de los cereales, el aumento de la productividad haya aumentado en este periodo entre el 100% y el 200%, dependiendo de los cultivos. Otros cultivos esenciales como la patata, han alcanzado un incremento de casi el 80% y en cultivos como el tomate, se ha aumentado hasta un 1.000%. A la innovación que promueven las empresas obtentoras se le atribuye la mayor parte de este aumento productivo.

ANOVE apuesta por I+D

ANOVE (Asociación Nacional de Obtentores Vegetales) es una asociación privada y sin ánimo de lucro que agrupa a 55 compañías y centros públicos dedicados a la investigación desarrollo y explotación de nuevas variedades vegetales. 25 de ellas, casi todas las que centran su trabajo en frutas y hortalizas, ha estado presente en esta edición de Fruit Logistica, demostrando la fortaleza del sector y su vocación internacional. Las empresas asociadas a ANOVE ponen en el mercado más del 95% de las variedades utilizadas en los principales cultivos: 99% de hortícolas, 85% de frutos rojos, 90% de frutas dulces, 100% de maíz, 100% de remolacha, 90% de cereal, 90% de girasol o 80% de algodón.

Estas empresas desempeñan un papel fundamental en el sector agrario, como investigadores y proveedores de una innovación que, a través de la mejora y creación nuevas variedades, resulta esencial para el desarrollo agrícola. Facturan más de 1.000 millones de euros al año y emplean a 2.500 personas. Su naturaleza es muy heterogénea: multinacionales, empresas familiares, cooperativas y centros públicos; a pesar de su heterogeneidad, su interés es el mismo, según ha señalado en Berlín Antonio Villarroel: “promover una agricultura innovadora, competitiva y sostenible, creando valor a la cadena alimentaria y aumentando al mismo tiempo la oferta y la calidad de los productos”.

Según datos de la Comisión Europea, el porcentaje de inversión en I+D de las compañías obtentoras supera incluso al que realizan las de automoción, farmacéutica, industria aeroespacial o tecnologías de la información. Las entidades asociadas a ANOVE disponen actualmente de un total de 52 centros de I+D en España. De los 34 centros de investigación de hortícolas, 14 (40%) se concentran en la Región de Murcia y 10 (30%) en la provincia de Almería.
Pirateo y corrupción

Pero no todo son buenas noticias. Aunque en España se están reduciendo los delitos contra la propiedad intelectual de semillas y plantas, aún siguen siendo demasiado frecuentes, pues se estima que en nuestro país es “pirata” más del 50% del uso de semillas de cereal, el 30% de las multiplicaciones vegetativas de tomate o el 20% del mercado de frambuesas procedentes de viveros. Las intervenciones policiales han constatado que el 53% de los viveros inspeccionados en 2016 no tenían autorización para reproducir variedades protegidas. 
La reproducción o la compraventa de plantas ilegales amenaza la investigación y comprometen el futuro de la agricultura, pues el material vegetal clandestino puede dar resultados deficientes y acarrear serios perjuicios económicos al agricultor: “Este fraude masivo tiene graves consecuencias no sólo para los obtentores de nuevas variedades vegetales, a los que se están causando pérdidas multimillonarias cada año, sino también para todo el sector, pues lesiona la imagen de nuestra agricultura en los mercados exteriores y supone una competencia desleal para la mayor parte de los productores que se esfuerza responsablemente por respetar la ley”. El Secretario General de ANOVE ha añadido que “permitir que los derechos de propiedad puedan reinvertirse en la investigación para mejorar y crear nuevas variedades hace posible que a medio y largo plazo aumente la rentabilidad para el agricultor y la sostenibilidad de la actividad agraria. Es decir, sin esta figura de protección, no se podrían mantener los programas de mejora y el desarrollo de nuevas variedades”.


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