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APROVECHAMIENTO Y BUEN USO DEL AGUA EN ENTORNO DE ESCASEZ (1ª parte)
Water shortage. A good exagle to make the best use of the water

1 - Introducción
2 - Las Necesidades De Almería
3 - Problemas Socio Políticos

4 - La Desalación No Es La Solución
5 - ¿Se Pueden Hacer Más Pantanos?
6 - Los Trasvases ¿Otra Alternativa?
7 - La Depuración De Aguas Residuales
8 - ¿Se Puede Ahorrar Más?
9 - Un Toque De Realismo
10 - ¿Hay Soluciones?

 
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1. INTRODUCCIÓN.

Almería es la provincia pionera, en el Estado Español, en lo referente al desarrollo agrícola. Mientras que en el resto de España, durante los años sesenta, el campo estaba sometido a un intenso éxodo migratorio, los Campos de Dalías y Níjar eran un foco de atracción gracias al desarrollo de una agricultura de cultivos hortícolas extratempranos, en arena primero y bajo plástico después, que han convertido a una de las zonas más áridas del Estado en la huerta, no sólo de España, sino de Europa.
Este desarrollo agrícola fue tan intenso y produjo una riqueza tal que ni siquiera el turismo pudo competir con él en lo referente a espacio y, sobre todo, mano de obra, como ocurrió en otras zonas cercanas como Málaga.

El modelo de desarrollo agrícola almeriense se ha convertido en un referente a nivel nacional e internacional, y son muchas las zonas que intentan imitarlo, por eso conviene tratar cómo se ha producido y sobre todo los aspectos relacionados con la explotación de recursos escasos como el agua, que es el tema que nos ocupará aquí.
El desarrollo agrícola de la provincia ha ocasionado que este sector consuma en torno al 90 % de los recursos disponibles de agua. Recursos que son en su mayor parte subterráneos. La demanda de agua ha supuesto la sobreexplotación de éstos, hasta el punto de que en todas las zonas de agricultura intensiva hay restricciones legales para la ampliación de cultivos o el incremento de las extracciones de agua, prohibiciones que no se han respetado.

En la actualidad, debido a la saturación del mercado, se puede decir que apenas si hay un crecimiento en la superficie regada y por lo tanto en nuevas demandas en este sector, sin embargo, sí que están aumentando las demandas para abastecimientos urbanos, para nuevas urbanizaciones y campos de golf relacionados con el turismo.

La situación actual se puede definir, a niveles provinciales, como de sobreexplotación, pues se está extrayendo más agua de los acuíferos de la que entra, por lo que, a medio largo plazo, los acuíferos se acabarán agotando o salinizando, al encontrarse en su mayoría en zonas costeras. El problema reside en el cálculo que se hace del déficit actualmente, ya que es frecuente que cuando se realiza este cálculo se sumen las demandas potenciales y el volumen necesario para conseguir equilibrar los acuíferos, con lo cual las demandas se disparan hasta niveles difícilmente justificables. Mientras que, según la Consejería de Medio Ambiente, el déficit total de la Cuenca Sur en 2001 era de 157 Hm3, según algunas instituciones provinciales, tan sólo el déficit de Almería ya se situaría por encima de los 300, cifra esta última que es la que se utiliza para justificar todos los planes que se proyectan.




Está claro que hay que intentar controlar la sobreexplotación, por eso casi todos los planes que se proponen con este fin insisten en la necesidad de controlar las demandas y en no permitir que éstas sigan aumentando, aunque esto es solamente una declaración formal, ya que con la manera en que hemos visto que se calcula el déficit está claro que lo que se pretende es seguir aumentando la demanda. Teniendo en cuenta que los recursos hídricos naturales de Almería son de 361 Hm3 anuales y los disponibles de 240, si el déficit real fuera de 300 Hm3 anuales, Almería ya se habría convertido en un desierto.

Así, pues, como primera conclusión, hay que insistir en la necesidad de que se adopten medidas, y que se cumplan, para impedir que las demandas sigan aumentando de manera ilimitada y exigir que las nuevas aportaciones sean efectivamente para paliar el déficit y no para atender a nuevas demandas.

Otro tema importante, sobre el que volveremos más adelante, es el precio del agua. Hay que tener en cuenta que, aunque mejore el abastecimiento y la calidad, cualquier nueva infraestructura que se haga supondrá un incremento en el precio del agua. ¿Son capaces los usuarios de asumirlo? En el caso de la agricultura tradicional, resulta imposible, pues hay que tener en cuenta que este tipo de agricultura se mueve con rentabilidades mínimas y con un coste del agua nulo o muy bajo. La agricultura intensiva depende del precio, aunque éste subirá y, por lo tanto incrementará los costes de producción. Los habitantes de los núcleos urbanos también verán como se incrementa el precio de agua que sale del grifo, aunque en este caso no tendrán más remedio que pagarlo; y el sector turístico, cabe esperar que sea el que mejor pueda asumir esos mayores costes del agua.

La elevada rentabilidad de la agricultura ha supuesto que se hayan hecho innumerables planes para conseguir solucionar los problemas hídricos.
La cuestión es que antes de que estos planes se hubiesen acabado de redactar los incrementos en las demandas ya hacían imposible su aplicación.

Los intentos realizados para tratar de controlar el incremento en la demanda (prohibiciones, declaración de sobreexplotación) hasta ahora no han servido para nada. Ante esta situación parece que las Instituciones han optado por un salto hacia delante y para “curarse en salud” han sobreestimado las demandas.
Pero en los últimos años, debido al incremento de los costes y a la saturación de los mercados la superficie regada apenas aumenta, por lo que las demandas tampoco lo hacen, con lo que las actuaciones previstas aportarían un caudal imposible de utilizar en su totalidad, de modo que los resultados finales pueden ser sorprendentes, ¡la provincia tendría superávit hidráulico! O tendríamos varias desaladoras sin funcionar totalmente.

Los planes para solucionar los “déficits hídricos”, en los últimos años han sido en lo fundamental planes de obras que suponían mucho cemento, muchas inversiones y poca agua, y esta a un precio mayor que el anterior a las obras.

En el Real Decreto Ley 9/1988, que cabe suponer que aún está en vigor, se recoge el llamado Plan Almería que plantea una serie de obras que en parte se incluirán posteriormente en el Plan Hidrológico Nacional, alguna de las cuales, como la desaladora de Carboneras o el Trasvase del Negratín ya se han ejecutado. Se puede decir a grosso modo que ambos planes, en lo referente a nuevas aportaciones, coinciden en lo fundamental siendo la principal novedad del Plan Hidrológico Nacional la aportación de 95 Hm3 del proyectado Trasvase del Ebro.
Algunas de las obras previstas, como la construcción de un pantano en Canjáyar y otro en Nacimiento, parece que se han abandonado por su elevado coste e impacto ambiental y por la negativa de los regantes a pagar las obras.
Todavía está pendiente la construcción de la “autopista del agua” que uniría el pantano de Cuevas con el de Benínar con doble sentido, es decir, se podría enviar agua de un pantano a otro en ambas direcciones, que en parte está realizada, en lo referente a la conducción que hace posible la utilización del agua de la desaladora de Carboneras, pero que con la nueva política del Ministerio de Medio Ambiente no se sabe lo que va a pasar.

El que el trasvase del Ebro no se lleve a cabo, en principio no tiene que ser tan traumatizante, ya que las obras previstas y realizadas, algunas no previstas en ninguno de los dos planes citados anteriormente aportan bastante agua. Sirvan como ejemplo, las desaladoras de Almería, Cuevas, Pulpí y Rambla Morales no incluidas en planificaciones anteriores. Si a las anteriores actuaciones unimos las ampliación de la desaladora de Carboneras y las nuevas del Poniente y otra en el Levante, la aportación por este medio supera ampliamente la prevista en el trasvase, por lo que se puede decir que las nuevas propuestas de la Ministra Narbona no son tan nuevas, sino que se limitan a recoger y unificar propuestas anteriores.

Pero la crítica que se hace a estas actuaciones es la misma que se hizo al Plan Almería y al PHN, se trata de planes elaborados desde criterios desarrollistas que dejan de lado los aspectos medioambientales y sociales y no se plantean una política de gestión del agua sino que son planes de obras públicas, que a los que más benefician son a los que las llevan a cabo.
Las críticas de Greenpeace y Ecologistas en Acción a los nuevos planteamientos nos parecen totalmente correctas. Después de felicitarse por la derogación del Trasvase del Ebro, en un comunicado de prensa estas organizaciones consideran que la alternativa socialista tiene un grave error de fondo: pretende cubrir todas las expectativas de aumento de la demanda de agua, en lugar de orientar su propuesta a lograr una buena gestión del agua. Es más, incluso aporta más hectómetros cúbicos a las cuencas mediterráneas de los que recogía el propio trasvase del Ebro. Y critican también que el plan recoja la desalación como principal alternativa al trasvase, sin tener en cuenta que fomenta el mantenimiento y aumento de regadíos y el desarrollo urbanístico descontrolado, con la consiguiente esquilmación de los recursos naturales. Además, advierten de los efectos ambientales de la construcción de desaladoras, especialmente el consumo energético y los vertidos de salmuera.

Se puede decir que tanto el Trasvase del Ebro, como las desaladoras, responden a la misma política, es decir una política ultraliberal que deja al mercado que decida sobre las necesidades futuras limitándose la Administración, el Estado, a aportar el agua, al menor coste posible aunque sea con subvenciones más o menos encubiertas, renunciando a cualquier tipo de gestión o planificación de la demanda.

2. LAS NECESIDADES DE ALMERÍA

Hay muchas formas de evaluar las necesidades y los déficits. Se supone que cada zona tiene que basar prosperidad y bienestar en los recursos de que dispone, y en plantearse nuevas metas en el momento en que consigue aumentar estos recursos. De no hacerse así, e incrementar la actividad por encima de lo que los recursos disponibles permiten, es cuando se produce el déficit. Los déficits de recursos no son algo natural, son consecuencia de la actividad humana por encima de las posibilidades que permite el entorno.

Se podrá argumentar todo lo que se quiera sobre la rentabilidad económica de detraer recursos escasos de unas zonas para llevarlos a otras, pero eso no obvia el que se este privando a un territorio de sus recursos naturales. Es curioso cómo las zonas que más necesitan recursos escasos como el agua, suelen ser zonas “ricas”, mientras que las donantes, no. El trasvase del Ebro, por ejemplo, suponía que los posibles usuarios de las aguas del Ebro en zonas deprimidas de Aragón, debían ser solidarios con los agricultores que más beneficios obtienen de sus cultivos y los empresarios turísticos del levante, curiosa forma de entender la solidaridad, “vamos a seguir siendo pobres para que vosotros seáis más ricos”. Además en el momento de calcular las necesidades “déficits”, en las zonas más desarrolladas se contabilizan los “desarrollos” potenciales, lo que evidentemente supone un déficit enorme, mientras que en las zonas menos desarrolladas, “como no tienen expectativas de desarrollarse, les sobran gran parte de los recursos de que disponen, como el agua”. Una forma sencilla de acabar con los supuestos excedentes de agua, sería que todas las zonas, independientemente de su estado socioeconómico, contabilizasen como demandas cualquier actividad potencial.

El caso de Almería es el típico del Levante Español. Un espacio con muchas posibilidades pero escasos recursos, especialmente hídricos, que ha conseguido desarrollarse explotando al máximo los recursos de que disponía hasta el punto de amenazar con agotarlos. En la medida en que la actividad humana ha ido aumentado por encima de los recursos naturales disponibles, los déficits se han ido incrementando y, por las mismas razones, mientras que el planteamiento de desarrollo ilimitado no cambie, las demandas de recursos serán también ilimitadas.

Hay un cierto consenso en torno a cuáles son los recursos hídricos naturales y los disponibles en la provincia. Los recursos naturales se sitúan en torno a los 316 Hm3 y los disponibles de 207. Con respecto a los recursos utilizados, los datos, como es lógico, cambian con los autores y con el tiempo.
Según el ITGE, En 1992 se sitúan en 390 Hm3, lo que supone un déficit de 183 Hm3. Pero, claro, si se estiman unas demandas de 433 Hm3, el déficit local pasaría a los 226 Hm3. Según la Consejería de Medio Ambiente en 1998 se situaba la demanda en 381,4 Hm3, cifra que se acerca a los recursos utilizados según el ITGE. La Consejería de Medio Ambiente, en el Informe de Medio Ambiente de 2001, da un Balance final, para toda la cuenca Sur de -157 Hm3.

Que los acuíferos se están sobreexplotando, especialmente en las zonas litorales, tampoco se discute. Esta sobreexplotación genera un déficit, aunque no está tan claro el volumen que alcanza. La sobreexplotación es peligrosa, ya que, de no solucionarse los acuíferos se acabaran agotando o salinizando, por lo que hay que resolver el problema, bien sea disminuyendo los consumos, bien buscando nuevos recursos, o de las dos maneras, aunque parece que en nuestro caso, solamente se plantea la segunda. Sirva a modo de ejemplo que, según los últimos estudios, el acuífero de Níjar se agotará en 15 ó 20 años de seguir el ritmo actual de explotación.

No distinguir entre sobreexplotación y déficit puede generar una imagen engañosa. Si conseguimos reducir o eliminar la sobreexplotación, la situación se equilibraría. Por lo tanto, de lo que se trataría es de tomar las medidas necesarias para terminar con la sobreexplotación. Pero lo habitual es añadir a los déficits las demandas potenciales, con lo cual el solucionar el déficit ya no es acabar con la sobreexplotación existente, sino continuar aumentando los consumos.
Aunque no es pretensión dar una cifra exacta de déficit de la provincia, resulta evidente que la cifra de un déficit de 320 Hm3 anuales esta claramente sobreestimada, parece bastante más razonable situarlo, aunque con un margen muy amplio, entre 100 y 200 Hm3, si lo que se pretende es mantener lo que existe en la actualidad. Si lo que queremos hacer es aumentar la demanda, podemos situar el déficit no en 320 Hm3, sino en 3.000 o 30.000.

La superficie agrícola invernada en Almería era de 24.764 Has en 1999, a las que habría que sumar las casi 6.000 Has que se dedican al cultivo de lechugas en la calle, en total se puede suponer que la superficie dedicada a cultivos hortícolas en la provincia puede situarse en torno a las 30.000 Has. Si en los datos oficiales aparecen más, es porque estamos frente a una agricultura intensiva que obtiene varias cosechas de distintos productos al año, por lo que una misma superficie se puede contabilizar varias veces, con distintos cultivos. Suponiendo un consumo medio de 6.000 m3 anuales por Ha, el volumen de agua necesario para regar esa superficie se situaría en 180 Hm3 anuales.

Hay otros cultivos de regadío, los más importantes (más de 1.000 Has) serían los cítricos (11.699), los frutales (9.597), y el olivar (10.355), aproximadamente 30.000 Has más, aunque hay que señalar que muchos de estos regadíos están infradotados. Es decir, los cultivos menos rentables son los que tienen más problemas con el agua, y no podrían soportar incrementos en su coste.
Otro uso importante del agua es el de abastecimiento, aunque hay que decir que las ciudades más que consumir agua, la ensucian, y se podría reciclar. Se podría, ya que el único núcleo importante que recicla las aguas urbanas parcialmente es Almería capital. La población de Almería se sitúa en torno a 550.000 habitantes, con un consumo medio de 300 litros/habitante/día, lo que supondría un volumen de 60,2 Hm3.

Las cifras anteriores son teóricas, ya que, como decíamos, hay cultivos que se consideran de regadío, que realmente son regadíos eventuales, se riegan cuando llueve o cuando el agua baja por el río, y la cantidad de 300 l/habitante/día es el volumen óptimo de abastecimiento que en realidad no se alcanza. Con respecto a los recursos disponibles, hay formas de aumentarlos, tales como las obras para mejorar la recarga en los acuíferos, que a la vez sirven para prevenir avenidas, los trasvases,... Por lo tanto hay que tener en cuenta que el problema del agua tiene una dinámica específica que hace que las cifras puedan cambiar con el tiempo. Además la climatología específica del levante peninsular complica bastante el modelo. La última sequía, por ejemplo, que provocó restricciones en gran parte de España, en Almería apenas se notó. En los momentos de lluvia, los acuíferos se recargan y funcionan como embalses subterráneos, mientras se libren de la intrusión marina, por lo que, si se consigue una gestión equilibrada, el sistema puede funcionar bastante bien.

En este sentido, los diques que se construyeron en la Sierra de Gádor juegan un importante papel para mejorar la recarga de los acuíferos del Campo de Dalías y, sin duda estas obras, junto con la utilización de los caudales que almacena el pantano de Benínar, en unión con otras medidas, permitieron que la sequía a que hacíamos referencia pasase sin apenas problemas por esta zona. En el Levante, el agua de una avenida que almacenaba el pantano de Cuevas permitió también sortear la situación.

Con las cifras anteriores podemos hacer todas las composiciones que queramos, considerar factores como la reutilización, retornos de riego, etc., pero opinamos que confirman que el déficit, no la sobreexplotación que es menor, debe de situarse en no más de 200 Hm3; menos, si fuésemos capaces de depurar las aguas residuales urbanas.
Habría que considerar también aportaciones que no se suelen tener en cuenta, como los 15 Hm3 del Trasvase Tajo Segura, o los caudales que regula el pantano de Benínar o el Cuevas.

Soluciones.

No hay una única solución ni soluciones mágicas. El conseguir reducir o eliminar el déficit actual debe ser el resultado de una política global. Resulta obvio que es necesario controlar las demandas e impedir que sigan creciendo, así como optimizar la utilización de los recursos disponibles, p.e. reutilizando las aguas residuales, no para satisfacer nuevas demandas (campos de golf), sino para reducir el déficit existente. Estas medidas, aunque necesarias, no son suficientes pues sólo reducirían el problema, por lo que las únicas soluciones que quedan son disminuir el consumo o conseguir nuevas aportaciones.
Reducir el consumo supone el abandono de regadíos. El conseguir nuevas aportaciones supone el encarecimiento del recurso. Habría que intentar encontrar un equilibrio.

Si tenemos en cuenta las infraestructuras existentes, aunque infrautilizadas, el “déficit” es bastante menor. Benínar regula en torno a los 15 Hm3 anuales, el Trasvase Tajo Segura aporta otros 15. La desaladora de Carboneras tiene una capacidad de 42 Hm3, a los que hay que añadir 18 de la de Almería, 10 de la Cuevas y 3 más de las de Pulpí, y los 50 del trasvase del Negratín, la depuradora de Almería y la planta de Ozono podrían recuperar para riegos 10 Hm3 más, lo cual supone más de 160 Hm3 disponibles en la actualidad y en gran parte sin utilizar, suficientes para equilibrar prácticamente la situación.

Las obras alternativas previstas tras la derogación del trasvase del Ebro serían:

- Desaladora de Níjar2 20 Hm3
- Desaladora del Bajo Almanzora 50
- Desaladora del Campo de Dalías 30
- Desaladora 2ª fase de Carboneras 42
- Desalación Poniente 23
- Reutilización de aguas Poniente 10
- Reutilización aguas Almería3 10
- Mejora de riegos Adra 2
- Mejora de riegos Los Vélez 2

De ejecutarse todas, 189 Hm3 más.

3. PROBLEMAS SOCIOPOLÍTICOS

El control del agua en el Levante peninsular ha sido una manifestación del poder, los que controlan el agua son los que controlan todo. En teoría el control debería de ser público a través de las Comisarías de Aguas y las Confederaciones Hidrográficas, pero realmente no ha sido así, al menos en Almería.
Los Organismos de Cuenca se han caracterizado por la dejación de funciones. Ha existido una manga ancha en el otorgamiento de concesiones difícilmente justificable. El volumen de las concesiones es muy superior al de las existencias de agua.

Al ser el agua una fuente de poder, las clases sociales más altas han intentado controlarla realmente, o al menos legalmente, ya que la posesión de un papel (concesión) no quiere decir que se posea el agua. Un ejemplo, la puesta en regadío de amplias extensiones en la zona de Retamar (municipio de Almería, junto al Parque Natural de Cabo de Gata Níjar), para la construcción de invernaderos, se justificó con la aportación de agua de Lucainena (a varios kilómetros de la explotación), y durante varios años se han estado otorgando concesiones de aguas subterráneas para riego procedentes de este municipio, que no hemos llegado a contabilizar totalmente pero que son varios Hm3, que evidentemente no existen. Sin embargo, la concesión sí que sirvió para justificar la transformación en regadío de una amplia superficie que al final se está regando con agua que viene de lugares distintos a los autorizados, y cuyo riego se intentó legalizar, aunque se sabe como acabó la historia legal, pero el proceso es significativo. Los propietarios con recursos se pueden valer de estrategias diversas para justificar sobre el papel la existencia del agua, y una vez transformado el terreno ya se verá de dónde se consigue. Si las tierras se parcelan y se venden a pequeños empresarios agrícolas, el problema social se traspasa a la Administración, que hará todo lo posible para que tengan agua, aunque sea mirando para otro lado ante ciertas situaciones. Los pequeños propietarios, tienen bastante más difícil transformar sus tierras en regadío, ya que les cuesta mucho más justificar la procedencia del agua o la rentabilidad de construir kilómetros de conducciones para llevar el agua a su explotación.

Las grandes empresas o los grandes propietarios son los que tienen más fácil justificar costosos proyectos para conseguir agua, bien sea trayéndola de otras zonas o a través de desaladoras, y además pueden asumir sin problemas los costes de los proyectos técnicos y en su caso de los abogados.
Y si, además, consiguen convencer al resto de la población de que sus problemas son los de todos, mucho mejor.

El absentismo de los organismos de cuenca ha supuesto que en el tema del agua se imponga una especie de “ley del Oeste” según la cual todo el mundo intenta solucionar sus problemas sin preocuparse por los de los demás y aquí los más pudientes al disponer de más recursos lo tienen más fácil. La situación sólo genera conflictos en situaciones flagrantes, tales como el que al profundizar un sondeo más de lo autorizado, o aumentar la potencia de los motores, deje sin agua a todos los de alrededor. Y si alguien se construye una desaladora y vierte la salmuera en cualquier lugar, como los efectos inmediatos no se notan, no pasa nada.

Las Comunidades de Regantes, que se supone que en una zona como Almería deberían de funcionar ejemplarmente, por su estructura, en muchos casos no lo hacen. Las decisiones en las Comunidades de Regantes se toman por votos, pero los votos que tienen los propietarios dependen de la extensión de tierras que posean, esto supone que estas instituciones no son democráticas ya que están controladas, cuando hay, por los grandes propietarios. Las Comunidades de Regantes del Campo de Dalías y de Níjar suelen tener un comportamiento democrático en la toma de decisiones al estar la propiedad muy repartida, llegándose en muchas ocasiones a un voto por regante independientemente de la extensión de su propiedad, aunque esto no se recoja en sus estatutos. No ocurre lo mismo en el Levante, donde sí que hay grandes propietarios que controlan las Comunidades de Regantes. La democratización de estas Comunidades es una de las asignaturas pendientes, postergada sistemáticamente, no ya de los temas relacionados con el agua, sino de la Democracia. El reflejo de lo anterior se vio en el tema del trasvase del Ebro, fuertemente apoyado por las Comunidades de Regantes del Levante y apenas por las grandes Comunidades de la Provincia del Campo de Níjar y de Dalías, las zonas de “invernaderos”.


 

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