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Condiciones para el cultivo de la berenjena

Cómo deben ser las condiciones climáticas, edáficas y manejo del cultivo para que la producción de berenjenas tenga éxito

Solanáceas

icono foto condiciones para el cultivo de la berenjena

1. Condiciones climáticas
2. Condiciones edáficas
3. Condiciones de manejo

1. Condiciones climáticas en cultivo de berenjena

Para que las plantas crezcan adecuadamente y obtengan rendimientos satisfactorios, las condiciones medioambientales de su entorno deben ser lo más próximas a las óptimas requeridas o, al menos, no resultar estresantes para éstas, especialmente en las fases críticas del ciclo de cultivo. Las principales variables climáticas a tener en cuenta son:

- Temperatura

La temperatura durante el día debe oscilar entre 25 º y 30° C para satisfacer sus necesidades biológicas y obtener, además, una mayor eficiencia en la fotosíntesis (Lee et al., 2002). Aunque el cultivo soporta relativamente bien las temperaturas elevadas, valores por encima de 32 ° C aceleran la maduración de los frutos y si se superan los 35 º C durante periodos prolongados el polen se vuelve inviable, impidiendo la formación de frutos (Ribeiro et al., 1998; Souza y Resende, 2006). Siempre que la humedad relativa sea adecuada, puede llegar a tolerar hasta 40 º – 45 º C (Serrano, 1976), aunque temperaturas mayores pueden causar diversos problemas, como floración deficiente, mal cuajado y abortos florales o ablandamiento de los frutos, entre otros. En este sentido, los cultivares que presentan frutos alargados son, generalmente, más resistentes a altas temperaturas que los cultivares de frutos redondos (Vifinex, 2001).

En el caso contrario, es decir, en lo referente al frío, no es conveniente descender de los 15 º C, ya que se puede originar, especialmente en la fase de floración, una polinización deficiente, que derivará en un mal cuajado de los frutos. Si dicho periodo se prolonga, los problemas serán mayores. A este respecto, existen cultivares adaptados a condiciones de temperaturas e iluminación bajas, debido a su capacidad de producir frutos partenocárpicos (con escasa o ninguna fecundación), lo cual da lugar a la formación de pocas semillas.

- Humedad relativa

La humedad relativa óptima para el cultivo de berenjena debe situarse entre 50 % y 65 % (Aramendiz et al., 2008). También puede tolerar valores de humedad superiores, en torno al 70% - 80%, incluso mayores. Sin embargo, unas condiciones con una humedad relativa tan elevada favorecen la proliferación de enfermedades (hongos y bacterias). Esto, unido a altas temperaturas y a una luminosidad insuficiente, pueden producir una serie de inconvenientes en el cultivo, tales como floración deficiente, caída de flores, frutos deformes, reducción del rendimiento y disminución del crecimiento, entre otros. Si la humedad relativa es demasiado baja pueden ocurrir efectos similares (Wang et al., 1980; Vifinex, 2001).

Igual que ocurre con la temperatura, si se quieren controlar (o estabilizar) los valores de humedad relativa, será conveniente disponer de algún medio tecnológico en las estructuras de producción, como pueden ser sistemas de ventilación (cenitales, laterales), de sombreo, de riego, de nebulización, etc. El empleo de la tecnología en el control climático, o en cualquier otra aplicación, reducirá significativamente los problemas del cultivo, ayudando a conseguir un crecimiento óptimo y una producción satisfactoria.

- Luminosidad

La berenjena es una planta de grandes necesidades calóricas, así como exigente en luminosidad. Requiere de 10 a 12 horas de luz diarias para su correcto desarrollo, especialmente en las fases vegetativa, de floración y de cuajado de frutos.

En lo que respecta al fruto, su color es una característica genéticamente determinada. Sin embargo, algunos factores del entorno, como la nutrición, la temperatura y, principalmente, las condiciones de luminosidad, pueden tener un efecto importante sobre la composición de los flavonoides y, por tanto, en la coloración final del fruto (Kittas et al., 2006).

El nivel de luminosidad puede variarse mediante sistemas de sombreo, como mallas, encalado o blanqueo de la cubierta de la estructura, etc. Resulta de suma importancia conocer la cantidad de luz adecuada en cada fase del cultivo para evitar problemas y lograr los objetivos de rendimiento.

- Nivel de CO2

Aunque la concentración de dióxido de carbono en el ambiente no es un requisito tan importante como los anteriores, algunos estudios en invernaderos han demostrado que niveles comprendidos entre 415 y 600 ppm mejoran el rendimiento del cultivo (Zamora, 2016).

En referencia a lo anterior, podemos expresar que, de forma general, este cultivo se desarrolla bien en climas cálidos y soleados, con una temperatura media en torno a 25 º C. En el periodo de floración no soporta ni el frío excesivo ni una humedad relativa demasiado elevada (Ribeiro et al., 1998; Concellón et al., 2007).

Cultivo de berenjena en invernadero.
foto cultivo de berenjena en invernadero
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2. Condiciones edáficas en cultivo de berenjena

Lo mismo que ocurre con las condiciones climáticas, el cultivo de la berenjena tiene unas limitaciones en cuanto a suelos, desarrollándose mejor en unas condiciones concretas, las cuales vemos a continuación.

- Estructura

Son recomendables los suelos:

  • Fértiles. Con buenas propiedades y un contenido adecuado de materia orgánica.
  • Profundos. Para que las raíces se desarrollen sin ningún problema, ya que son moderadamente profundas.
  • Sueltos. Sin barreras físicas para el sistema radicular de las plantas.

- Textura

La berenjena se desarrolla mejor en suelos de textura franco-arenosa y franco-limosa (Zamora, 2016). Un suelo con carácter arcilloso puede ocasionar problemas de aireación, encharcamiento, asfixia radicular, etc. Del mismo modo, si éste está compactado, las raíces no lograrán profundizar, limitando el crecimiento de la planta.

- Contenido de humedad

Este cultivo es muy sensible al exceso de humedad en el suelo y no tolera suelos pesados, con mal drenaje, siendo necesario mantener una humedad adecuada durante todo el ciclo. Un suelo con mal drenaje puede ocasionar una reducción en el área funcional de las raíces, crecimiento reducido de la planta, bajos rendimientos, aumento de incidencia de enfermedades como la marchitez causada por hongos del género Fusarium y por Sclerotium rolfsii (Tapia et al., 2015). Para evitar dicho exceso, se pueden realizar canales de drenaje que evacúen el agua de escorrentía y prevengan inundaciones por fuertes lluvias. En este tipo de suelos también es recomendable realizar la siembra en camellones, con el fin de mejorar el drenaje y la evacuación del agua.

- pH

La berenjena es moderadamente tolerante a la acidez del suelo, resistiendo hasta valores de pH de 5.5. Valores inferiores a éste afectan la disponibilidad de algunos nutrientes, como calcio, fósforo, magnesio y molibdeno, además de ocasionar problemas de toxicidad de aluminio y manganeso. Su rango ideal de pH se sitúa entre 5.5 y 6.5 (Zamora, 2016).

- Salinidad

Su tolerancia a la salinidad es moderada, siendo más resistente que el pimiento, pero menos que el tomate, dentro de la familia de las solanáceas. Aunque los efectos adversos de las sales del suelo están ligados a otros factores, de forma general, la berenjena puede resistir valores de conductividad eléctrica comprendidos entre 2.5 y 4.5 dS·m-1 (Zamora, 2016).

3. Condiciones de manejo

Después de describir las condiciones climáticas y de suelo que requiere el cultivo de la berenjena, las acciones que se deben realizar deben estar enfocadas a mantener, en la medida de lo posible, un ambiente que tenga, o se aproxime, a dichas condiciones. De este modo, se citan algunas de las actuaciones que se pueden llevar a cabo para conseguirlo:

  • Realizar labores de preparación del terreno que ofrezcan suelos fértiles, sueltos, porosos, profundos, con drenaje y con materia orgánica, entre otras propiedades.
  • Establecer un marco de plantación adecuado, cuya densidad de plantas ofrezca un nivel adecuado de luz y de ventilación.
  • Llevar a cabo unas labores culturales que mantengan un desarrollo equilibrado del cultivo, así como su sanidad vegetal.
  • Ejecutar programas de fertilización específicos, ajustados a cada una de las fases del cultivo.
  • Gestionar adecuadamente el riego, más aún, teniendo en cuenta la sensibilidad del cultivo al exceso de humedad, aunque la escasez de ésta en periodos claves también causa problemas.
  • Proteger a las plantaciones de las inclemencias climáticas bajo estructuras de producción como invernaderos o malla-sombras.
  • Dotar a las explotaciones agrícolas de más tecnología, principalmente para lograr ejercer un control climático adecuado sobre el cultivo.

Por tanto, queda claro que para conseguir “sacar adelante” un cultivo de berenjenas, es necesario dotar al entorno del mismo de unas condiciones determinadas, las cuales optimizarán su desarrollo y, por tanto, su producción final.

Autor: Dpto. Agronomía Infoagro


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