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El desarrollo radicular en el cultivo de “berries” y las estrategias para un cultivo productivo

Para obtener un buen rendimiento, las raíces de los cultivos de “berries” o “frutos rojos”, deben crecer en las mejores condiciones posibles y con un buen estado fitosanitario. En este texto técnico se abordan las recomendaciones más importantes.

Berries

icono foto el desarrollo radicular en el cultivo de  berries  y las estrategias para un cultivo productivo

1. Introducción
2. Descripción del sistema radicular
3. Estrategias de desarrollo


1. Introducción

El sistema radicular de la planta es una parte fundamental, ya que a través de éste se absorbe el agua y los nutrientes, además de otras funciones que resultan esenciales para desarrollarse de forma correcta, y por tanto, obtener un buen rendimiento, que es el fin principal. Para que esto sea posible, las raíces de los cultivos en cuestión deben crecer en las mejores condiciones posibles y con un buen estado fitosanitario. De este modo, influirá de manera determinante en la producción final.

Cultivo intensivo de mora. Diferentes estados de maduración del fruto. Foto: Infoagro.com
foto cultivo intensivo de mora  diferentes estados de maduracion del fruto  foto  infoagro com
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2. Descripción del sistema radicular

Para gestionar las acciones que favorezcan el desarrollo radicular de estas cuatro especies es preciso conocer sus características. Se destaca lo siguiente:

- Fresa o frutilla

Está formado por raíces primarias y secundarias. Las primeras son de naturaleza fibrosa, con una vida media de uno a dos años. Las plantas adultas tienen de 20 a 35 raíces primarias, aunque en condiciones favorables pueden tener hasta 100. El sistema radicular de la fresa es superficial, ya que más del 50 % se distribuye en los primeros 30 cm de profundidad, aunque a veces en suelos de textura gruesa alcanzan los 2 – 3 m. Además de absorber el agua y los nutrientes, las raíces primarias dan protección y funcionan como órganos de almacenamiento de carbohidratos en el invierno.

Las raíces secundarias son muy abundantes y se forman a partir de las primarias. Su periodo de vida es de unas dos semanas, después de ese tiempo mueren, siendo reemplazadas rápidamente por nuevas raicillas que se originan en el mismo lugar que las anteriores.

El sistema radicular de la fresa presenta diferencias tanto entre especies como entre variedades. Por ejemplo, en la especie Fragaria chiloensis las raíces primarias pueden durar más de dos años, mientras que en Fragaria virginiana solo uno, como máximo dos. Esta es la duración que se estima en las variedades comerciales Fragaria x ananassa.

- Arándano

El sistema radicular está compuesto principalmente por raíces finas y fibrosas, de poca extensión. El 80 % de éstas se concentran a 50 cm de profundidad del suelo, relativamente cerca de la superficie. Estas raíces fibrosas carecen de pelos radicales y no tienen demasiada capacidad de absorción. No son fuertes, por lo que son incapaces de atravesar superficies de suelo compactas, pero sí tienen una cualidad muy valiosa, que es su capacidad para asociarse en simbiosis con micorrizas en condiciones naturales. De esta asociación se benefician ambas partes.

- Frambuesa

El sistema radicular se encuentra en la parte más superficial del suelo, situándose la mayor parte de las raíces en los primeros 30 cm de profundidad. Está compuesto por raíces finas y por otras más gruesas y leñosas. Las primeras son mayoritarias en el suelo, mientras que las segundas sirven de soporte a la planta, sobre las que se forman yemas adventicias de las que surgen nuevos brotes todos los años, asegurando de este modo la producción regular del cultivo.


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Frambuesa lista para su recolección. Foto: Infoagro.com

- Zarzamora

Posee una raíz principal pivotante filamentosa con raíces secundarias delgadas y muy ramificadas. En general el sistema radicular es muy extendido, nudoso y de distribución superficial. Con gran facilidad para emitir vástagos o hijuelos.

3. Estrategias de desarrollo

Aunque cada uno de los cuatro sistemas radiculares descritos posee sus características propias, es cierto que todos tienen algunas similitudes. Además, funcionan del mismo modo, por lo tanto, las respuestas a los estímulos y a las condiciones de su entorno pueden considerarse similares.

A este respecto, se exponen a continuación algunas estrategias para conseguir desarrollar lo máximo posible las raíces de estas plantas, con el consiguiente beneficio que ello supone al rendimiento de las mismas. Éstas son:

- Mejora de las condiciones del suelo: Aporte de materia orgánica, realizar las labores necesarias para conseguir aireación y un buen drenaje, llevar a cabo una desinfección del mismo previa a la plantación (preferiblemente solarización), etc.

- Prácticas de cultivo como densidad de plantación, altura del surco, sistema de cultivo, etc. Por ejemplo, el uso de surcos altos (35 – 40 cm), además de proporcionar a las plantas un ambiente sin excesos de humedad después del riego o las lluvias, favorece el aumento de la temperatura en la parte superior del surco, lo que estimula el crecimiento de las raíces en cantidad y longitud.

- Controlar la temperatura del suelo: Es importante mantener unos valores de temperatura en el suelo, si no óptimos, al menos aceptables, ya que un suelo demasiado frío impide el crecimiento de la raíz y supone una dificultad en el crecimiento de la planta. Para ello se pueden usar medios de calefacción o acolchados en el suelo que resultan más baratos.

- Correcto suministro de agua: Para conseguir un desarrollo radicular adecuado se debe mantener, siempre que sea posible, un estado óptimo de humedad en el suelo. Tanto un exceso de agua como un déficit suponen un estrés para las raíces, con los correspondientes daños, y por tanto, una merma en el rendimiento del cultivo. Se pueden utilizar tensiómetros para conocer de forma aproximada la humedad del suelo, o también seguir guías de entidades especializadas con datos de necesidades hídricas de cada zona concreta o próxima.

- Realizar una fertilización adecuada: Es necesario una nutrición correcta para lograr un buen desarrollo radicular, especialmente en el aporte de fertilizantes fosforados y nitrogenados.

- Conocer y manejar la salinidad del riego: Un exceso de sales en el entorno de las raíces supone un daño a éstas, además de limitarles la disponibilidad del agua presente en su entorno. Por eso es preciso conocer, mediante un análisis, las características del agua de riego, especialmente la conductividad eléctrica.

- Uso de variedades con mayor masa radicular: Así por ejemplo en el caso de la fresa, en variedades de día corto se ha observado que la mayor producción y desarrollo de las raíces ocurre durante el periodo de inactividad vegetativa y reproductiva (otoño e invierno). En cambio, en las de día neutro, las cuales sí presentan actividad en otoño e invierno, no hay acumulación de carbohidratos en las raíces, lo que repercute en falta de vigor y poco desarrollo, como consecuencia las variedades son más susceptibles al ataque de patógenos.

- Aplicación de bioestimulantes radiculares: En momentos críticos del cultivo puede resultar una ayuda aplicar (generalmente en el agua de riego) determinados productos que estimulen el desarrollo radicular. Especialmente en períodos fríos, o en cualquiera que suponga un estrés para el cultivo. Hay una amplia gama de productos específicos para el enraizamiento como aminoácidos, hormonales, extractos de algas marinas, etc.

- Cuidar y vigilar el estado fitosanitario del suelo: El ataque de determinados agentes patógenos, principalmente hongos como Fusarium, Phytophthora o Verticillium, supone una seria amenaza para los cultivos. La principal vía de entrada de estos microorganismos se produce a través de las raíces. Por eso es muy importante mantener el entorno radicular en un correcto estado de sanidad vegetal.

A modo de resumen, no podemos olvidar que cualquier condición que afecte al crecimiento de las raíces, como suelos pesados, exceso de humedad, poca cantidad de oxígeno en el suelo, temperaturas demasiado bajas en invierno, así como altas en primavera, además de provocar estrés a las plantas, propician condiciones favorables para el ataque de patógenos (Wilhelm, 1984). Todos estos factores, y algunos más, influirán en el rendimiento productivo de estos cultivos.

Redacción: Dpto. de Agronomía Infoagro


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