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Manejo de berries. Preparación del terreno para el cultivo óptimo

La preparación del suelo previa a la plantación, tiene una gran relevancia en el buen desarrollo de la planta en general y de las raíces en particular. En el caso de las berries, estas operaciones son de especial importancia

Cultivo de berries

icono foto manejo de berries  preparacion del terreno para el cultivo optimo

1. Introducción
2. Labores de preparación
2.1. Labores físicas
2.2. Labores químicas
2.3. Labores biológicas

1. Introducción

Para cualquier cultivo, la preparación del suelo previa a la plantación, tiene una gran relevancia en el buen desarrollo de la planta en general y de las raíces en particular. En el caso de las berries, estas operaciones son de especial importancia porque se trata de especies vegetales con un sistema radicular bastante superficial, relativamente sensible a los desequilibrios hídricos y que además compite mal con las malezas. Por esto, las labores de preparación del suelo deben ser adecuadas para conseguir un correcto crecimiento de la planta, obteniendo así una buena producción final, tan demandada en la actualidad.

Foto de arándanos tras la recolección
foto foto de arandanos tras la recoleccion

2. Labores de preparación para el cultivo de berries

Las acciones que se pueden llevar a cabo en el suelo para que disponga de unas condiciones óptimas antes de la plantación son diversas. Vamos a dividirlas en tres categorías:

  • Labores físicas
  • Labores químicas
  • Labores biológicas

2.1. Labores físicas

Son las que se realizan mediante el uso de aperos o maquinaria con el objetivo de influir en la estructura del suelo. También se pueden incluir las medidas que añaden materiales para mejorar su estado general. Algunas de éstas son:

  • Mantener el suelo limpio de malas hierbas o malezas, con el fin de reducir los problemas que esto origina, como la proliferación de insectos plagas o la competencia que suponen por el agua y los nutrientes.
  • Realizar laboreo, principalmente subsolado, para soltar el terreno y que presente buenas condiciones de aireación y drenaje, evitando así problemas de encharcamiento, entre otros. No es necesario que la labor sea demasiado profunda, ya que las raíces son superficiales y se desarrollan mayoritariamente en los primeros 30 cm del suelo. Una profundidad de 15 – 20 cm sería suficiente.
  • Preparar el terreno en caballones en el caso de suelos que presenten una textura más arcillosa o con deficiente drenaje, para mejorar así las condiciones del sistema radicular cuando se aplique el riego.
  • Aportar materia orgánica para mejorar las características físicas del suelo como esponjamiento, porosidad, temperatura, etc. Se puede enterrar un abono verde previo a la plantación o añadir estiércol y paja (cama de ganado). No se puede precisar con exactitud la cantidad de estiércol a suministrar, ya que varía según la naturaleza del terreno y su grado de fertilidad. Esta medida ofrece tantas ventajas que puede figurar en las tres categorías.
  • Realizar técnicas de mulching, que consiste en extender superficialmente sobre el suelo, materiales inertes de distinta naturaleza como paja, virutas o serrín de madera (también residuos de industrias alimentarias). Esta técnica sirve para conservar la humedad del suelo y reducir la actividad de las malas hierbas, también ayuda a enriquecer el suelo en materia orgánica, además de evitar la erosión y el lavado del terreno en plantaciones con pendiente. Normalmente con la aplicación de esta técnica se favorece el grosor y el sabor de los frutos (recomendado en frambuesa). El espesor del mulching ha de ser como mínimo de 15 cm, siendo necesario cada año aportar material nuevo sobre el viejo para sustituir la parte que se ha degradado por la acción de las bacterias del suelo.
  • Se puede dar un pase de vertedera o grada con poca profundidad después de aplicar los abonos de fondo o las enmiendas, para incorporarlos a la zona donde estarán las raíces, a la vez que se incrementa la porosidad del suelo en esa zona, favoreciendo con ello la actividad de la flora microbiana y retrasando el apelmazamiento.
  • Inmediatamente antes de la plantación, se recomienda pasar la grada o la fresadora con el fin de eliminar la vegetación que haya podido surgir y desmenuzar la tierra superficial para facilitar así la plantación.
  • Por último, conviene recordar que es importante realizar todas las labores mecánicas con el suelo en buen tempero.

2.2. Labores químicas

Se llevan a cabo para modificar la composición mineral del suelo, y que éste contenga los nutrientes que va a necesitar el cultivo posteriormente. Destacan principalmente:

  • Realizar con anterioridad a la plantación, y mejor aún, con anterioridad a las labores preparatorias, un análisis físico – químico del suelo para conocer los distintos elementos minerales presentes y si existe algún desequilibrio de los mismos. Para ello se debe recoger una muestra representativa de la parcela de cultivo.
  • Aplicar, si es necesario, enmiendas minerales para corregir los supuestos desequilibrios detectados en el informe del análisis de suelo realizado. Normalmente se aporta cal o distintos abonos minerales, en función del elemento que queramos modificar.
  • Llevar a cabo un abonado de fondo si el suelo es pobre en nutrientes. Los fertilizantes minerales deben aplicarse después de la enmienda orgánica. Una recomendación general sobre las aportaciones medias de fondo, para un cultivo de frambuesa por ejemplo, puede estar en torno a 100 kg/ha de P2O5, 200 kg/ha de K2O y 40 kg/ha de MgO. Comenzar el cultivo con un buen nivel de elementos minerales siempre ayuda a la planta a crecer con fuerza.
  • Aportar materia orgánica también tiene beneficios químicos para las plantas, ya que mejora la capacidad de intercambio catiónico, la disponibilidad de nutrientes, reduce el lavado o lixiviación de éstos, y muchos más. Estos frutos pequeños son exigentes en materia orgánica, siendo deseables valores superiores al 2%. Se puede aplicar en forma de estiércol fermentado, compost, etc.

2.3. Labores biológicas

Estas acciones están enfocadas a conseguir una biodiversidad en el suelo, que sin duda, ayudará a las plantas durante su ciclo de desarrollo. Se trata de lograr por tanto, una funcionalidad activa de los microorganismos existentes, que resultará beneficiosa para las plantas. Otro objetivo sería mantener el suelo libre de agentes patógenos que causan daños al cultivo. Las más destacadas son las siguientes:

  • Realizar acciones de desinfección del suelo, eliminando los organismos que suponen un peligro para la plantación, como es el caso de hongos, larvas y pupas de insectos, nematodos, etc. La técnica más recomendada es la solarización, ya que no contamina el suelo con ninguna sustancia química, al tratarse de aportar gran cantidad de agua al suelo que está cubierto previamente con plástico específico para tal aplicación. Suele tener buenos resultados, dejando el suelo libre de patógenos antes de la plantación.
  • Aplicar al suelo distintos microorganismos como por ejemplo micorrizas, trychodermas o bacterias beneficiosas, que mejoran las condiciones biológicas para el cultivo y ayudan a combatir a los agentes perjudiciales.
  • Aportar materia orgánica también mejora el establecimiento de microorganismos buenos, favoreciendo de este modo la interacción entre ellos y la planta, además de luchar contra los enemigos del cultivo.

Otra labor que puede ser importante es la de recopilar información, si fuese necesario, sobre los cultivos anteriores a la plantación. Es recomendable conocer tanto el tipo de cultivo como los problemas fitosanitarios acaecidos con anterioridad en la parcela. Generalmente, los suelos más idóneos son los que estaban sembrados de gramíneas o de hortalizas tipo tubérculos, coles, etc.

Después de todo esto, queda claro que las labores que se pueden realizar en un suelo antes de la plantación son muchas y de diversa índole, así como la enorme importancia que puede suponer más adelante para las plantas y su rendimiento final.

Autor: Dpto. de Agronomía Infoagro


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