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Félix Lorente, el Pacto Verde es la gran hoja de ruta

Nuestros agricultores son un diamante a proteger; nos dan la soberanía alimentaria.

Pacto Verde España - 25/10/2021
Félix Lorente, CEO de UPL en Europa Sur








Hace casi seis décadas (1962) nacía la Política Agrícola Común (PAC), una de las columnas vertebrales de la Unión Europea (UE). Mucho ha cambiado desde entonces, y ahora Europa apuesta por el Pacto Verde, por una agricultura sostenible, más ecológica, más “limpia”: objetivos loables que, según el CEO de UPL-Europa Sur, Félix Lorente, no deberían lograrse a costa de horadar las necesidades de ese “diamante” que son los agricultores del Viejo Continente, cuyo futuro podría estar en peligro por un excesivo celo regulatorio de las autoridades de Bruselas.

El Pacto Verde es la gran “hoja de ruta” con la cual la UE pretende acelerar la transición ecológica hacia una economía neutra en emisiones de CO2 para 2050.

En ese sentido, en entrevista con EuroEFE, Lorente explica que el reto pasa por conjugar de la manera más equilibrada posible los objetivos delineados en esa “hoja de ruta verde” de la UE con las necesidades cotidianas del sector, el cual se encuentra en plena transición de modelos de producción.

“Tenemos muy claro que debemos enfocarnos en el camino que marca el Pacto Verde, la Agenda 2030. Y también en la estrategia De la Granja a la Mesa, con el objetivo final de que el 25% de la superficie agrícola de la UE tiene que ser orgánica en el 2030”, explica Lorente.

¿Es el actual marco regulatorio de la UE un instrumento excesivamente rígido?

Como todos saben, la naturaleza intrínseca de la UE conlleva una constelación regulatoria que es, en muchos casos, compleja de entender. En muchas ocasiones no permite a las empresas fitosanitarias promover la venta de productos químicos. Además, por otra parte, las sociedades europeas están presionando mucho con el asunto de los pesticidas convencionales. Con todo eso, se abre una gran oportunidad para las biosoluciones. Nosotros encajamos muy bien en lo que denominamos soluciones sostenibles.

La palabra “sostenibilidad” en agricultura se usa mucho, y a veces se abusa del término, pero ¿Cómo debemos entenderla desde su punto de vista?

Nosotros entendemos la sostenibilidad desde un punto de vista claramente medioambiental. Apostamos por dejar un planeta mejor para nuestros hijos, pero tampoco podemos olvidar que esa sostenibilidad debe ser también socialmente justa y económicamente viable, si no fuera así, la actividad agrícola tendría un futuro incierto. Somos una empresa muy ágil y pensamos que podemos acelerar este modelo de cambio.

Dos de cada tres productos fitosanitarios de síntesis química van a desaparecer en breve. No van a ser renovados por la UE debido a los nuevos criterios regulatorios tan estrictos que se imponen en Europa. El mercado de protección de cultivos en Europa se realizará con el tercio de productos que sobrevivan, y con el mercado de productos biológicos y sostenibles que se incrementará, según nuestra estimación, en un 20% anual. Todo esto combinado con un amplio proceso de transformación y digitalización de las empresas (agricultura de precisión, algoritmos de toma de decisiones, robótica, etc). Y por supuesto la captura de carbono en la actividad agrícola, en la que UPL es pionera.

¿Estamos asistiendo a un cambio radical de paradigma, cómo se preparan para asumir ese reto climático (con la disminución de emisiones contaminantes)?

Actualmente, se habla mucho de energía eólica, de energía solar, pero la agricultura es una actividad que, intrínsecamente, si se hace bien, puede ser una gran herramienta para capturar Co2, y en eso estamos. Trabajamos para firmar acuerdos con productores para  impulsar una mejora en las prácticas agrícolas de cara a lograr ese objetivo.

En la región del sur de Europa, que yo represento, hoy en día, el 29% de nuestros productos son sostenibles, y la mayoría de ellos tienen certificado orgánico. Nuestro objetivo sería llegar a 2040 con un 60% de productos exclusivamente “bio”. En España, nuestro crecimiento anual en el terreno de las biosoluciones se sitúa ya en el 30%. Son muestras tangibles de hacia dónde vamos en este giro copernicano como empresa.

¿Tiene algún ejemplo de esas biosoluciones?

Una de nuestras soluciones más innovadoras es un inductor de autodefensa de las plantas, para que ellas se auto-protejan, similar a una “vacuna”, lo denominamos “Vacciplant”. Es un extracto de algas, totalmente orgánico. Al principio resultó difícil de explicar a los agricultores, pero últimamente estamos obteniendo un eco muy importante en el sector.

Otro ejemplo de producto sostenible es “Argos”, que está basado en una sustancia totalmente natural como es el aceite de naranja, y que va a ser el sustituto del antigerminativo convencional de patatas clorprofam, recientemente cancelado en la UE. Este tipo de soluciones son un ejemplo de ese cambio radical de enfoque por el cual estamos apostando fuerte.

Es una transición profunda, como pasar del coche de combustión al vehículo eléctrico, que es el futuro, si me permite el ejemplo.

Sin duda. Creo que se trata de un cambio equiparable, por citar un ejemplo, a los llevados a cabo por ex gigantes de la informática como IBM o  Hewlett Packard que en el pasado vendían “hardware”, luego “software”,  y en estos momentos son, prácticamente, grandes consultoras.

Lo cierto es que estamos viviendo una etapa emocionante en el sector de la agricultura. Todos estamos pasando por una profunda metamorfosis, un giro radical en la forma de concebir las cosas. En ese marco, nosotros vamos a lanzar mañana jueves en Sevilla nuestra división NPP (Natural Plant Protection), cuyo objetivo es poner el centro de atención –y un esfuerzo de inversión muy fuerte- en todo lo relacionado con las biosoluciones.

La agricultura entendida como un trabajador que hace su esforzada labor a diario, es un concepto que va a ir desapareciendo. Se va a hablar de productores a escala mundial. Van a ser personas con mucha tecnología y muy preparados. Los jóvenes nos están enseñando a todos cómo hacer las cosas de manera más eficaz, y nuestra obligación es trabajar para adaptar nuestras estructuras con nuevos equipos, que tengan las mejores destrezas que nos permitan ser más digitales, más biológicos, mucho más sostenibles.

Ser más ecológicos, más “verdes”, parece lógico si queremos evitar más daños al planeta, pero la segunda parte de la ecuación es la económica ¿Cómo se puede lograr el objetivo sin dañar al sector?

Sin duda es la pregunta clave. El hecho de que la actual y la nueva Política Agrícola Común (PAC) va a tener menos recursos, que se destinarán a otros propósitos, y se vayan a reconducir a políticas más verdes, pone -y pondrá- a los agricultores en una situación más y más complicada. Pero, en algunas ocasiones, parecen existir dos varas de medir. Las autoridades de Bruselas  son muy restrictivas con los alimentos que se producen en la UE pero no lo son tanto con aquellos que provienen de fuera del territorio comunitario europeo.

Los agricultores europeos, con toda la razón del mundo, se quejan de que no compiten en igualdad de condiciones con los demás. Si queremos tener realmente soberanía alimentaria, debemos contar con  garantías de que los productos no sólo sean 100% saludables, que ya lo son, sino también que podamos autoabastecernos en tiempos de crisis. La realidad es que los agricultores se están quedando sin herramientas.

¿O sea, la UE aplica distintos raseros?

La realidad es que para ayudar a los agricultores yo tengo menos herramientas que mis compañeros de América Latina, Asia o Estados Unidos. Es evidente. Cuando se diseñan tratados comerciales (por ejemplo entre la UE y el Mercosur), hay intereses contrapuestos. Los agricultores en Europa son un diamante que tenemos que proteger, ellos nos dan la soberanía alimentaria que, si seguimos con ese tipo de políticas, podríamos llegar a perder. Eso sería gravísimo.

Pero, igual que ustedes defienden sus puntos de vista, hay que entender que otros lo hagan también…

Por supuesto. Pero es una realidad tangible que el entorno regulatorio de la UE es muy denso, e influenciable. Hay varios organismos, entre ellos ONG, que hacen presión para defender sus intereses, y es legítimo, por supuesto, pero los criterios científicos deberían prevalecer sobre los intereses políticos en algo tan sensible como es la alimentación. Lo que nosotros defendemos es que las decisiones que se tomen en Bruselas respeten una base científica y solicitaría a todos los “stakeholders” que no juguemos a la desinformación. Sé que para el señor Janusz Wojciechowski (el comisario de Agricultura de la UE) y para Bruselas no es fácil, y que tendrán que contemplar múltiples intereses, pero si tuviese que lanzar un mensaje hoy por hoy a las autoridades europeas sería que valoraran la agricultura como la actividad que nos da de comer todos los días.

¿Usted reclama, en definitiva, una mayor “imparcialidad” a la hora de tomar esas decisiones en Bruselas?

Exacto. Me da la impresión de que las influencias se están imponiendo a los datos objetivos. Creo además que el sector muchas veces no está considerado como se merece.

Los agricultores nos han salvado la vida durante la pandemia. Ellos no han dejado de trabajar ni un solo minuto, incluso en los peores momentos, y me parece que eso no se ha valorado de la manera correcta. Considero que hoy en día la imagen de la agricultura está infravalorada en la sociedad europea.

¿Qué importa más: la sostenibilidad verde o la viabilidad del sector a largo plazo?

Tenemos que buscar un equilibrio. Por supuesto que el Pacto Verde  es esencial. Tenemos la obligación moral de entregar a nuestros hijos el planeta en las mismas condiciones, o si es posible mucho mejor, de cómo lo dejamos, pero no ir más allá, porque les estaríamos quitando el futuro. La sostenibilidad no está cuestionada. Pero también tenemos el deber de pensar desde una óptica económica y social. Si perdemos la soberanía alimentaria las consecuencias pueden ser dramáticas en poco tiempo.

Nuestro objetivo es apoyar a los agricultores en esa transición hacia una agricultura más sostenible, para tener una huella de carbono neutra o positiva, y todo eso supone adaptarnos al futuro, o mejor dicho a un presente que ya está aquí llamando a la puerta. UPL ha lanzado en esta línea varias iniciativas como “Radicle Carbon and Soil Challenge” o un acuerdo con FIFA para la reducción de la huella de carbono.

¿Cómo ven la nueva y la futura PAC?

A nosotros la nueva PAC nos gusta menos que la que había anteriormente, ya que conlleva una reducción de fondos. En este momento, ser agricultor en un país como España con todas las reglas de producción que existen, pues es francamente difícil. Hay cultivos que si no recibieran las ayudas de la PAC no subsistirían.

A esto hay que añadir, como he dicho antes, una carencia de herramientas fitosanitarias, además de un retraso considerable en la llegada de nuevos activos por la falta de agilidad en los trámites de los nuevos expedientes en el Ministerio. En este contexto, estamos haciendo un esfuerzo significativo en el desarrollo y puesta en el mercado de nuevas biosoluciones para que el agricultor no se vea perjudicado por este cambio de ciclo.

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